Amor contra #Coronavirus

Marlene Caboverde
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¿Ya pasó el peligro? Ni lo piense, mientras todos no estemos a salvo de la COVID-19, nadie lo está.

Ese es el llamado reiterativo de las autoridades sanitarias de #Cuba, en el actual escenario epidemiológico.

Se ha controlado la propagación de la enfermedad, es verdad, pero también es una realidad que todavía se registran casos positivos en diferentes territorios.
Solamente hay una forma de salir de esta y es, como advirtió el Presidente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Dr. Tedros Adhanom Ghabreyesus: “…trabajando juntos en solidaridad y con un enfoque de una sola salud que aborde los vínculos entre la salud humana, animal y del planeta….”
Lo que hemos hecho hasta ahora, en #Cuba, ha dado resultados, de eso no caben dudas.

La efectividad de las medidas aplicadas nos condujo hasta este punto del camino, aunque, OJO, es muy fácil retroceder, al menor descuido, a una situación similar a la que enfrentan otras naciones del planeta.

No perdamos de vista la alta contagiosidad de este virus que tiene aún enigmas por descubrir, de ahí que lo vivido podría ser la primera temporada de una larga serie.

Repasemos cómo enfrentamos el coronavirus en la isla.

En primer lugar, pesquisando, haciendo pruebas, detectando quién tiene el SARS COV2 y su cadena de contagios. Miles de test rápidos y de pruebas PCR en tiempo real se aplicaron en los últimos siete meses.

En segundo lugar, se aislaron los positivos y sospechosos para cortar la propagación de la enfermedad y adoptar los tratamientos adecuados.
Hoy surge en la nueva normalidad otra medida: el autoaislamiento o ingreso en el hogar para los contactos directos e indirectos, y su garantía depende, sobre todo, de las familias y los individuos.

El factor tiempo ha sido clave para contener la enfermedad, estamos convencidos de ello. Sin embargo, el uso de los nasobucos o mascarillas, la higiene y el distanciamiento social resultaron las vacunas más efectivas contra el virus.

El coronavirus llegó para subirnos la varilla, y la hemos saltado una y otra vez. Sin embargo, los resultados de nuestras acciones transparentaron las fortalezas y debilidades que existen en todas partes.

La ciencia, la medicina y la voluntad política vencieron los tropiezos del bloqueo y se hicieron milagros sin dinero, porque el talento y el amor sirvieron para edificar puentes y borrar fronteras.

La solidaridad de los cubanos se tradujo en un himno que cantó verdades, mientras salvó vidas, alivió males y fecundó esperanzas.
Redescubrimos que tenemos capacidades, inteligencias y recursos al alcance de la mano que no hemos aprovechado lo suficiente en el ámbito local y bien que pudieran ser el motor de la economía, de adentro hacia afuera.

El trabajo a distancia y el teletrabajo se impusieron conllevando menor riesgos para los colectivos laborales y mayor eficiencia de técnicos y especialistas.
Pero la gran lección de todo este tiempo tiene que ver con que hemos reconocido que la humanidad ha sido cruel y despiadada con la naturaleza, y estamos pagando la factura.

Hay una advertencia flotando el aire: la urgencia de sanar al planeta y ello evitará a futuro que otras epidemias y males, incluso mayores, nos lleven a un caos sin vuelta atrás.

No sé usted, pero yo me llevé además, este aprendizaje que puede parecer cursi, pero cabe en un verso de Silvio quien, definitivamente, sigue teniendo la razón: “Sólo el amor engendra la maravilla.”

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