De palo para rumba

Además de convertirse en padre de tres hijos en muy breve tiempo, trabajó como Vicerrector en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), en La Habana, tras su regreso a #Cuba, el 17 de diciembre de 2014.

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Como es un caricaturista natural y está dotado de un ingenio muy peculiar para el humor gráfico, imaginé que en algún momento compartiría un puesto entre el colectivo de la revista Palante.


Sin embargo, Gerardo Hernández Nordelo aceptó con mucho gusto una nueva misión en los Comités de Defensa de la Revolución, organización de la cual es hoy el Coordinador General, aunque le llamaría, más bien, su líder.


“Dicen que cambié de palo para rumba”, apuntó él este 23 de septiembre en el espacio televisivo de la Mesa Redonda, dedicada al aniversario 60 de los CDR.
Lo mismo pensé al principio, pero ahora siento que alguien que define a los comités como la familia que juega dominó y comparte la leche, el pan y la sal en el barrio, sin importar la genética o el color, es la persona ideal para guiar y rescatar lo más hermoso que nos hace y nos une: la cubanidad.


Para él, este movimiento concebido por Fidel en un contexto y momento histórico distinto al actual, necesita redimensionarse, retocar sus colores y armarse de nuevos pretextos.
“En todos los lugares no se trabaja igual”, reconoció, mientras dibujó con su maestría de artista, solo que, con las palabras a “los viejitos del comité”, porfiados y valerosos que todavía acunan la memoria y defienden la idea de que, ayudarse entre vecinos, es el remedio más eficaz a cualquier mal.


Y si el comité es como ese universo enorme y multicolor bordado de casas, gentes, calles, árboles, ríos, playas…., ¿cómo ignorar el abandono a los animales?
A ese tema también se refirió Gerardo, un hombre repleto de puertas y ventanas abiertas para recibir y resguardarlo todo y a todos.


Para él, el CDR es esa gran comunidad o tal vez un bosque de sangre, huesos y espíritus que respira y se fortalece de la alegría y del dolor, del placer de dividir lo bueno y aliviar lo malo. Así lo deduzco de lo que dice y de lo que ha vivido el héroe cubano.


De modo que, si cambió “de palo para rumba” y decidió convertirse en el faro de los Comités de Defensa de la Revolución en tiempos tan oscuros y convulsos, es lo que podía esperarse de un hombre que sobrevivió, sin odios, al peso de dos cadenas perpetuas y padeció 17 años de prisión sin jamás renunciar a los suyos, a los sueños, a las esperanzas y mucho menos al amor.


En la cárcel le decían “Cuba”, cuidó entre los barrotes a un gorrión como a un amigo hasta que pudo remontar el vuelo, creó bates para los peloteros cubanos y regalaba a los presos caricaturas que estos enviaban a sus hijos.


Y después de salvar y construir tanto nos alegra descubrir que seguirá haciéndolo, como siempre, “con cariño…..”

 

 

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