Y regresó el Dr. Rubiera

La fiesta del corazón comenzó en #Cuba, exactamente a las 8 y 31 minutos de la noche de este 16 de septiembre cuando apareció la imagen resplandeciente del Dr. Rubiera, en el parte meteorológico del Noticiero Nacional de Televisión.


No presumo de adivina, pero estaba segura que en aquel instante nadie se libró de los fuegos artificiales que iluminan los ojos y estallan en la sangre cuando se recibe, inesperadamente, una sorpresa tan grata y tan deseada.


Hasta me atreví a sugerir que esa, como dice el colega Randy Alonso, era la noticia del día.


Como si no estuviera convaleciente de una dolencia cardiaca, regresaba nuestro hombre del tiempo, nuestro maestro, nuestro amigo, y lo hacía visiblemente emocionado y feliz.


Con la distinción de siempre y su magnífica elocuencia describió el panorama climático, que a mí me pareció menos convulso y no tan plagado de malos presagios, porque nuestro Rubiera tiene el don de transformarse en sombrilla, cobija, faro, puerto seguro.


Y nos ofreció su clase soleada, hasta aguarnos los ojos y estremecernos, con los ademanes de artista y esos brazos donde tanto hemos viajado, navegado, volado y aprendido.


Sus ojos azules me parecieron revueltos entre alguna tristeza y muchas chispas de alegría porque se sabe casi listo para emprender, otra vez, su misión favorita de resguardarnos y devolvernos la fe en el mar embravecido y en la más temible tormenta.


Antes de despedirse con su sonrisa iluminada, el Dr. José Rubiera Torres expresó el agradecimiento a los médicos y especialistas que renuevan su salud mientras, consoló con la fuerza del hombre que renace, a su pueblo que quiso y creyó en su regreso.


Del lado de acá, nosotros también dimos las gracias a todos y a todo, incluso a los ángeles y duendes que nos sirvieron de puente con algún poder divino, convencido finalmente, por tanta plegarias, ruegos y cantos; por tantas razones, tantas verdades y por tanto amor.


“Habrá Rubiera para rato”, quizás él no lo dijo con la voz o fue el viento que lo susurró desde la ventana, pero yo, aunque no tengo el poder del profeta, lo escuché clarito en su mirada.

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