Ignacio Agramonte, un camagüeyano indetenible

Su nombre atemorizaba a los españoles. Su presencia daba confianza a los insurrectos cubanos que peleaban contra la opresión de la península ibérica en suelo patrio. Su caballería fue la más temible y organizada del ejército mambí.


Así era Ignacio Eduardo Agramonte y Loynaz, un hombre aferrado a su tierra y a un ideal independentista que lo llevó a desafiar las fuerzas enemigas.


El Mayor, sobrenombre con el que pasó a la inmortalidad, era todo arrojo, valentía y coraje en los campos camagüeyanos. Sus acciones lo convirtieron en un valeroso estratega militar del ejército Libertador.

 

Ejemplo de ello fue el rescate del brigadier Julio Sanguily cuando al enterarse de su detención por tropas enemigas expresó: “Mis amigos, la cuestión está clara. Al brigadier Sanguily lo han hecho prisionero los españoles. Todo el que esté dispuesto a rescatarlo o morir, que dé un paso al frente”. Años más tardes su ayudante y miembro de la escolta, el capitán villareño Ramón Roa Garí, lo definió  como "Un Hombre de Hierro".


Bravura, disciplina y entrega por emancipar a los suyos, eran otras cualidades del joven Mayor General Ignacio Agramante. En su natal Camagüey era prácticamente indetenible. Pero una bala enemiga le atravesó la sien derecha con solo 32 años de edad el 11 de mayo de 1873.

 

Sus hombres no reciben más sus órdenes, toda una confusión se apodera de los campos de batalla, pero su legado continuó vivo en los que siguen adelante preservando nuestra identidad y obteniendo nuevas conquistas.

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