Hadas de los libros

Versa un viejo proverbio chino que: "Los bibliotecarios no son los que tienen todas las respuestas, sino los que saben cómo encontrarlas". Y así es. Los bibliotecarios son como esos míticos duendes de los cuentos de hadas que saben dónde están los mayores tesoros, pero que en su caso conocen la ubicación exacta de los libros, sus autores, su especialidad, en fin, casi con los ojos cerrados pueden hallar lo que el lector busca.


biblioteca-jaruco-mayabeque-cubaMartha Caridad Pedroso, por más de un lustro funge como directora de la Biblioteca Pública Antonio José Oviedo, de Jaruco, y refiere que el buen bibliotecario debe ser un conocedor de la literatura universal, tener dominio de una cultura general, estar informado y conocer casi a la perfección todo lo que se mueva en la institución.


Y es que la labor del bibliotecario va mucho más allá que el trabajo en el centro, asegura Martha Caridad Pedroso, porque se trata también de ofrecer un buen trato y servicio en el centro, hacer que el lector o visitante se vaya satisfecho con lo que fue buscando, pues así, de seguro regresará en otro momento.


Tal y como opina Martha, directora de la Biblioteca Pública Antonio José Oviedo, coinciden las otras siete técnicas de sala en la institución. Aimé Abreu, al frente de las investigaciones del centro, y apasionada por el maravilloso universo de las letras, trabajar allí es encontrar una conexión y complicidad con el libro o texto que se esté consultando, porque son sencillamente fuente de información que nos transporta y enseñan.


En tanto, para la joven Dariana Camps Caraballo, técnica de la sala infanto- juvenil, trabajar entre libros siempre fue su sueño desde niña, y llegó a sentir la necesidad de llevar a otras a los lectores el placer de ojear un ejemplar, de llegar al punto perfecto donde convergen conocimiento y sabiduría.


Hoy la labor de las especialistas de la Biblioteca Pública Antonio José Oviedo, de Jaruco, es el reflejo de la encomiable dedicación del destacado cubano Antonio Bachiller y Morales, considerado el padre de la bibliografía cubana, quien naciera justamente un 7 de junio pero del año 1812.


Por eso, allí les esperan siempre las bibliotecarias jaruqueñas, con una sonrisa y amabilidad infinitas, con el deseo de que todo el que acuda en busca de un libro, se retire con el compromiso de regresar.

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