Antonio Maceo y Ernesto Guevara desde otras miradas

Antonio Maceo Grajales y Ernesto Che Guevara. Dos hombres, épocas distintas, ideales iguales, huellas, semillas, caminos que invitan a andar siempre adelante.


Quienes han tenido el privilegio de estudiar la obra que ellos edificaron emplean sus nombres como ejemplos. A algunos les sirve un discurso histórico; a otros, una anécdota; a la mayoría, tan sólo una frase, un verso, una fotografía, una canción.


Recorriendo las vidas de Maceo y Che hallamos, o mejor, nos salen al paso sus imágenes repartidas en manos y rostros, en surcos y fraguas. Son ecos de la memoria escapados del tiempo, voces que retornan en una fecha y convidan a actuar como lo hicieron ellos.


De Antonio Maceo


El destacado historiador Emilio Roig de Leuchsenring caracteriza así al protagonista de Baraguá:


"Maceo es grande, sobre todo, porque el amor a la patria despierta en él sus magníficas cualidades latentes de combatiente, de organizador y de jefe, y porque las consagra enteras, sin desmayos, a la causa revolucionaria."
Ernesto Che Guevara reconocía la extraordinaria vigencia del pensamiento de Maceo y su utilidad para consolidar la Revolución


“Hoy, que estamos en la tarea de la construcción del socialismo en Cuba afirmó-, que empezamos una nueva etapa de la historia de América, el recuerdo de Antonio Maceo adquiere luces propias. Empieza a estar más íntimamente ligado al pueblo, y toda la historia de su vida, de sus luchas maravillosas y de su muerte heroica, adquiere el sentido completo, el sentido del sacrificio para la liberación definitiva del pueblo.”
Eusebio Leal Spengler, historiador de la Ciudad de La Habana evoca la actuación ejemplarizante del Titán de Bronce.


“Soy historiador y, por consiguiente, tengo la manía de buscar la explicación de las cosas en esa suerte de bola de cristal. Así rememoraba aquel episodio de la Gran Guerra de 1868 cuando un hombre con mérito, pero extraviado circunstancialmente, salió al paso de Antonio Maceo y le apuntó con un revólver en el pecho, desacatando sus órdenes.


Maceo pidió a Limbano Sánchez -quien murió luego heroicamente- que bajase el arma, y cuando éste le obedeció, ante la mirada incrédula de la escolta, el Mayor General le dio un abrazo y lo atrajo al seno de la verdad y de la razón.
El general Enrique Collazo quien lo conoció en plena juventud, lo describió así:


"su figura era atrayente; fornido y bien proporcionado; fisonomía simpática y sonriente, facciones regulares, manos y pies chicos, formando un conjunto que lo destacaba siempre, por numeroso que fuera el grupo que lo rodeaba. Acostumbraba a hablar bajo y despacio; su trato era afable. Talento natural, sin pulir pero unido a una fuerza de voluntad extraordinaria, que le hicieron dominar sus defectos naturales.’’


Un soldado del Ejército Libertador que combatió a su lado lo recordaba a su jefe de esta manera:
“Tenía el general Maceo maneras distinguidas: su trato era comedido y cortés en todos los momentos y circunstancias…Nunca una estridencia, jamás una frase malsonante….Verlo descompuesto era una cosa insólita, y únicamente por el conocimiento de haberse cometido una acción baja y fea, y en este caso su violencia era terrible y peligrosa.”


El combatiente, ya desaparecido Juan Pérez Roca que se unió a la columna 8 Ciro Redondo en el Escambray relató este pasaje:
“Veníamos del combate de Banao y un campesino le regaló un sable que era del abuelo, que había sido soldado del Ejército Mambí. En el camino él me dijo: "Guárdame eso", y yo lo metí en el guano de uno de los almacenes, y cuando ya íbamos para la ofensiva final me le acerqué y le dije: "Óigame, Comandante, ahí está el sable y ya nos vamos." Entonces me respondió: "Déjalo ahí, que yo soy incapaz de emular con Maceo".”
Del Che
No llores por mí. Aleida Guevara
“…Fui a varias escuelas primarias y secundarias del municipio habanero de Boyeros…En una de ellas estuve con un grupo de muchachos, contándoles ciertas cosas de mi papá, y cuando salí encuentro a todo el séptimo grado formado, pidiendo que también les dijera algo…tuve que resumir en pocas palabras las cualidades que, a mi juicio, eran las más importantes en el Che, o sea su honestidad, su valentía, su integridad como hombre, y cité la letra de una milonga argentina que a mí me gusta mucho.


_Si yo muero no llores por mí, haz lo que yo hacía, y seguiré viviendo en ti…”


Entrañable transparencia. Orlando Borrego Díaz


“Otro de los valores del Che que debemos resaltar es su honestidad a toda prueba. Era un ser humano que hacía lo que decía, y su manera de decir era transparente. Al Che no se le podía engañar. Sólo con la verdad en la mano era posible dialogar con él.


Era exigente, pero sabía ser afectuoso. Sólo que su amistad se demostraba con hechos, no con palabras. Y vale aclarar que por lo general siempre fue más duro con quienes más apreciaba.


Cuando se marchó de Cuba dejó varias cartas de despedida. Yo tuve el honor de ser uno de los destinatarios y de que me dejara sus tres tomos de El Capital con una dedicatoria. No voy a leer toda la carta, sino un fragmento:

Hoy me marcho a cumplir con mi deber y mi anhelo, y quedas cumpliendo tu deber contra tu anhelo, te dejo constancia de mi amistad que pocas veces se expresó con palabras.”


Tonada del albedrío. Silvio Rodríguez
Dijo Guevara el hermoso,
viendo al África llorar:
en el imperio mañoso
nunca se debe confiar.
Y dijo el Che legendario,
como sembrando una flor:
al buen revolucionario
sólo lo mueve el amor.
Dijo Guevara el humano
que ningún intelectual
debe ser asalariado
del pensamiento oficial.
Debe dar tristeza y frío
ser un hombre artificial,
cabeza sin albedrío,
corazón condicional.
Mínimamente soy mío,
ay, pedacito mortal.

 

Fénix obstinada. Frei Betto
“Fénix obstinada, Che revive en fotos, música, espectáculos teatrales, filmes, poemas, novelas, esculturas y textos académicos. Hasta una cerveza bautizaron con su nombre, la “Unique Garden”, la imagen de su rostro conforme la famosa foto de Korda, ocupa el centro de las salas de las viviendas.”

 

Más allá de la estatua. Miguel Bonnaso
“La generación de los 30 mil desaparecidos, la más noble y generosa de la historia argentina, la que se comprometió hasta dar la vida en defensa de los humillados y ofendidos, nació a la militancia movilizada por el ejemplo del Ché. Más allá de siglas e identidades políticas, la generación del setenta fue guevarista en sus principios y en su conducta. Y gracias a esa conciencia guevarista, fue la primera generación política que enriqueció la lucha por la liberación nacional, integrándola a la lucha por la liberación latinoamericana.”


Navegante, quijote. Eduardo Galeano Espejos
“El caballero de la triste figura llevaba mas de tres siglos y medio de malandanzas por los caminos del mundo cuando el Che Guevara escribió la última carta a sus padres. Para decir adiós, no eligió una cita de Marx. Escribió: “Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo. Navega el navegante aunque sepa que jamás tocará las estrellas que lo guían.”


Alegres pero profundos. Aleida Guevara March


“Y de que sirven los discursos y hasta los monumentos si no llevamos a la práctica sus ideales y convicciones.
La vida es muy corta, dicen que cuando estamos aprendiendo a vivir, debemos comenzar a despedirnos, para algunos es más corta aún, porque gustosos la entregamos por lo que creemos o porque nos la arrebatan porque de alguna forma les damos pavor a los poderosos.”


 “Pero mientras tengamos el privilegio de existir, hagámoslo con dignidad y valentía, vivamos de forma tal que al momento de la despedida no sintamos dolor por los años pasados en vano, aprovechemos al máximo lo que tenemos, disfrutemos el privilegio de vivir, seamos alegres, pero no podemos dejar de ser profundos.”


Ser como él. Israel Rojas
“Más de una vez he pensado qué haría el Che si no hubiera sido el Comandante Ernesto Guevara, si no hubiera tenido la suerte de, con esa tormenta de emociones dentro, haber estado en los lugares y las circunstancias que lo llevaron a edificar lo que hoy es.


“Puedo equivocarme, mas creo que el Che hubiera sido el médico que se va solidaria y voluntariamente a tejer, con los hilos del amor y la sanidad, la patria grande que es la humanidad toda. El Che hubiera sido el agricultor que cosecha más frutos que justificaciones. El administrativo o el profesor incorruptible, que “hombre a todas”, sabe que vivir es andar, quizás pobre pero limpio, moralmente limpio.”


“El periodista valiente comprometido con el arte de la verdad, no importa si es desde las páginas o micrófonos de un importante medio o en las modestas corresponsalías de montaña. Sería el trovador, el soldado o el sepulturero, que nunca encontraron el “papel carbón” para ser como él y desde entonces se inventaron a sí mismos desde sus posibilidades, con originalidad guevariana.”

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