Cuando estuve en el Moncada

Siempre que llega el mes de julio mi pensamiento se remonta a mi etapa estudiantil cuando cursé los estudios primarios en el seminternado ¨28 de octubre¨, del municipio de Madruga. La razón de mi regresión en el tiempo es porque mi escuela era un centro con una edificación muy particular, antes del primero de enero de 1959, fungía como cuartel militar al servicio del ejército batistiano.


Recuerdo que cuando cursaba el sexto grado mi profesora de Historia de Cuba, Mayelín, nos decía en sus clases que Cuba fue el primer país en el mundo en convertir los cuarteles en escuelas, y bien lo supe yo, porque justamente aprendí a leer y a escribir, al igual que mi hermana mayor, en una cárcel pintada de Revolución y devenida en centro educacional.


No olvido en los encuentros de la profe Mayelín, cuando nos decía: ¨Ojalá y algún día ustedes pudieran visitar el Cuartel Moncada en la heroica Santiago de Cuba, porque allí combatieron y dieron sus vidas por la Revolución muchos jóvenes que querían nuestra Cuba libre. Esta escuela donde estudian ustedes, se parece mucho al Moncada¨.


Crecí entonces con esa curiosidad, visitar Santiago, recorrerla y llegar al Moncada. La oportunidad llegó en el año 2015 cuando afortunadamente fui invitado a participar en el ¨Concurso Nacional, Feliz B. Caignet¨, y aunque pisé el caliente suelo santiaguero, solo pude entrar a los estudios de Tele - Turquino, sede del canal provincial, ubicado justamente dentro de los opulentos muros de la Ciudad Escolar Libertad.


Pero, mi pasión por la historia de la nación y esa deuda de pequeño por el entonces Cuartel Moncada,  hoy Monumento Nacional, finalmente se hizo realidad este año.


Fue en marzo pasado cuando por cuestiones de trabajo regreso a la segunda capital cubana, Santiago de Cuba, y seguro sí estaba de que esta vez conocería el lugar donde Fidel y los revolucionarios que le acompañaron asaltaron a tiro limpio el edificio militar, el 26 de julio de 1953.


Y así fue, llegué al Moncada, pero esta vez no habían guardias, ni esbirros, como nos narraba la profesora Mayelín; habían niños, cientos de niños y niñas ocupando cada rincón del lugar vestidos con sus uniformes. Esa mañana recorrí lo que fuera la Posta Número 3, lugar donde se produjo el ataque hace exactamente 65 años, y hoy convertido en el Museo de Historia 26 de Julio, conformado por ocho salas.


Para mí esa hora de visita al Moncada, resultó desandar más de seis décadas de historia, de cultura, de identidad y convicción revolucionaria, porque sentía en cada pared, en cada uno de los huecos marcados por los disparos de los rifles de los asaltantes, la presencia de Fidel, el artífice de tal valerosa hazaña.


Puede que ya haya cumplido el deseo de haber llegado a lo que fue el Cuartel Moncada, pero no cierro esa página como una meta en mi vida, solo la dejo abierta para regresar, porque sin explicación alguna, te seduce e invita al retorno.

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