Reconcentración de Weyler, un dolor y una enseñanza

De los muchos sucesos a que en la historia ha sido sometido el pueblo cubano, quizá ninguno haya implicado tanto sufrimiento y desolación, hambre y penuria, muerte y miseria como la Reconcentración del pueblo de Cuba, impuesta por el entonces Capitán general de la Isla, Valeriano Weyler y Nicolau, el 21 de octubre de 1896, cuando de gestaba la tercera guerra contra España por nuestra independencia.

En Cuba había comenzado la guerra el 24 de febrero de 1895, por tercera vez los cubanos salían a la manigua a combatir el poder colonial español y lograr la independencia.

 

En Cuba fungía como Capitán General Valeriano Weyler y Nicolau, Marqués de Tenerife, un asesino a sangre fría, pero lo suficientemente inteligente para darse cuanta que esta contienda bélica no iba a ser como las anteriores.

 

Ahora los cubanos estaban bien organizados, unidos bajo la dirección del Partido Revolucionario Cubano, contaban con el apoyo total de la emigración y con la unidad férrea de todas las tropas mambisas y sus jefes militares. Máximo Gómez, Calixto García, José Martí y Antonio Maceo eran los líderes de un ejército experimentado y bien organizado, todo eso ya la situación interna que vivía España dividida por la, lucha entre republicanos y conservadores de la monarquía, tenían convencido a Weyler de que podría ser él, y no otro el que pasara a la historia como el hombre que perdió la Isla de Cuba.

 

Las victorias mambisas y las noticias de la invasión, además de apoyo que era sabido recibían los insurrectos por parte de la población hicieron al militar español crear un macabro, plan destinado a cortar de raíz cualquier ayuda que pudieran recibir los cubanos de las ciudades.

 

El primer bando de reconcentración fue emitido el 21 de octubre de 1896, antes desde febrero de ese año se habían comenzado a tomar medidas para comenzar la reconcentración, y según el sitio digital ECUERD, “las medidas adoptadas incluyeron medidas punitivas contra cualquier persona que vendiera, proporcionara, o guardara armas a los mambises, o les facilitasen cabalgaduras o cualquier otro pertrecho o municionamiento. Se castigaba asimismo a todos aquellos que difundieran noticias que reflejasen algunos de los triunfos de nuestras tropas, que eran sistemáticamente ocultados por la férrea censura weyleriana, o que condenaran la dominación española en la isla.


Por si esto fuera poco, Weyler ordenó, además, que toda la población campesina, sus animales y sus enseres fuesen concentrados en las plazas fuertes en poder de las tropas españolas, con la intención ya reflejada en estas líneas de aislar a los patriotas cubanos de sus fuentes naturales de suministros de todo tipo. Weyler fijó el plazo de 8 días para quela Reconcentraciónfuese llevada a término. Advirtió que toda persona que fuera sorprendida en despoblado sería considerado rebelde y juzgado como tal. La bárbara medida, antecedente directo de los campos de concentración hitlerianos, y de “las aldeas estratégicas” en Viet Nam del Sur creadas por los imperialistas yanquis, causó la muerte a entre 200.000 y 300.000 personas, y significó para Cuba el deterioro total de su agricultura, sostén principal de su economía.”


Una cuarta parte de la población cubana resultó exterminada durante los tres años y medios que duró la lucha, el paludismo cobró miles de víctimas, el hambre la miseria acabaron con hombres mujeres y niños.
Hay una anécdota muy conocida, que retrata a la bestia salvaje que era Valeriano Weyler, la cuenta el historiador Raúl Izquierdo Canosa, en uno de sus textos: “Cuando en los difíciles días de 1897 el alcalde municipal de Güines visitó a Weyler para exponerle las terribles condiciones en que se encontraban los reconcentrados en esa villa y solicitarle algunas raciones para impedir que continuaran muriendo de hambre, éste le respondió: ¿”Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre? Pues precisamente para eso hice la reconcentración.”


La Ciudad Condal de Jaruco no escapó a las penurias de la reconcentración de Valeriano Weyler.

La ciudad fue cercada en sus alrededores y los militares recibieron algunos refuerzos, se trajeron muchos campesinos y sus animales y fueron tirados como perros.

 

Muy pronto el hambre, y las enfermedades entre ellas el terrible paludismo, aparecieron en Jaruco, donde entre octubre de 1896 y septiembre de 1897, un lapso de once meses, el Registro Civil de Jaruco informó de 2 790 defunciones, de ellas 261 niños determinándose como la causa más común de muerte la “Miseria Fisiológica” o lo que es lo mismo una desnutrición total.

 

Escalofríos dan las imágenes de la época. El pueblo de Jaruco en su cementerio municipal tiene un monumento especial dedicado a la s víctimas de la reconcentración de Weyler, donde descansan muchos de los caídos que fueron rescatados de fosas comunes donde los tiraban los soldados españoles.

 

Este es un monumento como muchos otros en Cuba que sirve además para recordar de forma permanente cuanto ha costado a este pueblo la libertad, y el alto precio pagado por ella.

 

Porque lo que si no pudo lograr Valeriano Weyler fue detener la revolución del 1895, no pudo frenar la guerra, y muchos niños y mujeres reconcentrados hacían espionaje para los mambises en las propias ciudades mientras morían de hambre.

 

Fue la reconcentración la génesis que inspiro a Hitler para sus campos de concentración nazis en la Segunda Guerra Mundial, y fue sin dudas uno de los episodios más tristes de la historia de Cuba, pero a vez fue uno en donde más se apreció la firmeza de nuestro pueblo, y su determinación por la independencia.

Cuando para 1898 se produce en Cuba la intervención norteamericana como expresión de la política de la fruta madura, ya España tenía la guerra perdida, la invasión era una realidad, el ejército colonial estaba desorganizado y desmoralizado.


Y haciendo un paréntesis histórico, nuestro país sufre en la actualidad una política genocida de bloqueo por parte del gobierno de Estados Unidos que pretende hacer caer la revolución y rendirla por hambre y penurias económicas y financieras, violando un sinfín de leyes internacionales.


Sin dudas en el gobierno de Estados Unidos no saben mucho de historia u olvidan lo que quieren, si en medio de una situación mucho peor y con una miseria extrema, donde los muertos se recogían por pares, como fue la reconcentración de Weyler, el pueblo de Cuba resistió y continuó la lucha nosotros ahora seguiremos resistiendo lo que venga pero nunca, renunciaremos a nuestra libertad y nuestras conquistas sociales.
Hemos aprendidos de nuestra historia y por eso nos sentimos orgullosos de ella.

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