El trato afable en los centros comerciales. Más que un derecho del consumidor, se trata de respeto

“La amabilidad es un lenguaje que los sordos pueden escuchar y los ciegos pueden ver”. Así lo expresó Mark Twain y para fatalidad de los que asistimos a algunos centros comerciales de Jaruco, la gentileza y el trato afable no siempre se ponen en práctica.


Para la prosperidad de una empresa particular o estatal no solo se necesita una logística a la orden del día, más que eso, se precisa del consumidor. Este es fundamental en cualquier negocio por pequeño que sea. De ahí se deriva aquello de “el cliente siempre tiene la razón”, lo que cambiaría yo por “el cliente merece el mejor trato”.


Todos deseamos una buena atención o un saludo cordial cuando salimos a la calle cada día. Un buen servicio es la aspiración de todo usuario. Pero en ocasiones este anhelo está muy lejos de la realidad. Aún no tenemos conciencia de que para servir se necesitan herramientas que, resumidas, tienen un nombre: cultura del detalle.


Algo tan sencillo como ser agradable con el cliente, explicarle todas las opciones que tiene al consumir una oferta o comprar determinada mercancía, escuchar sus sugerencias, velar por la conservación y embellecimiento del establecimiento comercial, pueden marcar la diferencia entre hacer una próxima visita o pasar un mal rato.


Existen establecimientos de nuestro municipio (en su mayoría estatales) donde los “buenos días” o el “¿qué desea?” pasan de largo. ¿Será el poco sentido de pertenencia con el lugar?


Más bien diría que es falta de educación, poca preocupación porque el cliente se sienta a gusto y escasa conciencia de que el trato afable en los centros comerciales más que un derecho del consumidor es una muestra de respeto. Lograr que el regreso no sea por obligación es un reto pero para nada imposible.

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