Jaruco, baluarte azucarero del siglo 19 en Cuba.

Tras finalizar la Guerra de los 10 años en Cuba, en 1878, la economía de varios propietarios acaudalados asentados en Jaruco, se vio gravemente afectada.


central-loteria-jarucoDebo señalar, antes de conocer la cantidad de ingenios expandidos en el territorio,  que el denominado Distrito Municipal de Jaruco lo integraban el partido del mismo nombre, y los de San Antonio de Río Blanco, Bainoa, Jibacoa, Guanabo, Casiguas, Tapaste y San José de las Lajas.

 


Las fábricas de azúcar, un total de 40, pudieron enunciarse y contabilizarse por partidos, de la manera siguiente: 4 pertenecían a Jaruco: el “Tivo Tivo”, propiedad del Marqués de Campo Florido; “San Luis”, de los Herederos de doña Josefa O´Farrill; el “San Miguel”, perteneciente a doña Dolores Ugarte de Sotolongo y el “San Juan Nepomuceno”, de Domingo Cívico.


En tierras de San Antonio de Río Blanco existían en el siglo 19, siete ingenios azucareros que destacaban por sus producciones y fueron: “El Carmen”, cuya dueña era Aurora Parera de Sotolongo; “Nuestra Señora del Rosario”; de los propietarios Pedroso y Hermanos; el coloso “Nuestra Señora del Carmen”, de Pedro Fernández de Castro; el “Lotería”, de doña Dolores Flores Hernández; “La Montaña”, perteneciente a don Manuel Revilla y el “San José”, de don Francisco Coll y Juliá.


jaruco-central-loteriaPor otra parte, 12 ingenios poseían Bainoa en la segunda mitad del siglo 19.  El renombrado “Rosario”, cuyos propietarios eran los señores Bolaños; “El Antonia” de Francisco Durañona;  la industria “Mercedes”, pertenecía a Francisco Aguiar, y “La Santa Matilde”, era de José Portilla. En Bainoa también estaban ubicados los ingenios “San Francisco”, posesión de Juan Sentelles, “El Julia”, del señor Manuel González y “Vista Hermosa”, de  Rafael Martínez. Otros que también fueron famosos en la zona eran los ingenios “San José”,   “Carmen”,  “Rosario”, “Santa Teresa”, y el “San Rafael”.


Teniendo en cuenta las grandes extensiones de terreno pertenecientes al Distrito Municipal de Jaruco, también se contabilizaron los ingenios del partido de Jibacoa. En aquel entonces existían cuatro ingenios: “La Purísima Concepción”, del propietario don Hilario González Ramos; “San Lorenzo” cuyo dueño fue el Señor Conde de Campo Alegre; el “San Juan de Dios”, perteneciente al Marqués de Casa Calderón, y el “Josefita”, de los señores Olmo, Frade y Cía.


En el partido de Guanabo quedaron funcionando también cuatro ingenios azucareros: “Majana”, del propietario don Francisco Freire; el “San Francisco”,  del propietario don Antonio María del Valle. En Guanabo también se encontraba el “San Nicolás”, copropiedad de los herederos de Guillermo González, y el “Peñas Altas”, del cual eran sus dueños los Herederos de Félix Arango.


Aunque el poblado de Casiguas es pequeño, en sus terrenos colindantes se encontraban cinco ingenios y eran estos, “El Desquite”, propiedad de don Ramón Flores Apodaca;  “El Banco”; de don Eduardo María Müller;  “Dolores”, perteneciente a don Juan Muñoz; “San José” cuyo dueño era don José Alentado, y “Los Hermanos” de los señores Martínez.


En el Partido de Tapaste funcionaban tres ingenios: el “San José”, propiedad de don José y doña Emilia Valdés; el “Moralito”, de Manuel Recio de Morales y el “Paula”, cuya propietaria era doña Socorro Zequeira.


En el partido de San José de las Lajas sólo estaba emplazado el ingenio “Portugalete”, de don Manuel Calvo Aguirre, cuyas moliendas fueron muy importantes en la época.


Pero aunque Jaruco era mencionado en Cuba por sus ingenios, con el paso del tiempo estos pasaron a pertenecer a otras personas y compañías debido al fin de la guerra de los Diez años.


Con la inminente crisis económica, por esa fecha se pusieron varios ingenios en venta, como el “Josefita”, o “Santísimo Sacramento”, emplazado en el partido de Jibacoa y que fuera pertenencia de los “Senmanat”, cedido a la sociedad Olmo Frade.


“El Majana”, por ejemplo, de Francisco Freire, en el partido de Guanabo, y el nombrado “Las Correderas”, en tierras de San Antonio de Río Blanco, fue vendido por la Condesa de Loreto al financiero Manuel Antonio Recio, quien a su vez, lo revendió a la “Compañía de Lazaga y Quintero”.


A pesar de las bancarrotas que lamentaron muchos propietarios de ingenios de la zona de Jaruco, lo cierto es que la segunda mitad del siglo 19 fue la época más resplandeciente de la producción azucarera en gran parte de occidente cubano. Aún por estos lares quedan vestigios de esas industrias que en su tiempo hicieron popular el nombre de Jaruco.

Videos


Artículos Relacionados