José Martí en los jóvenes cubanos

Al decir del Maestro: “La juventud ha de ir a lo que nace, a crear, a levantar a los pueblos vírgenes, y no estarse pegada a las faldas de la ciudad como niñotes que no quieren dejarle a la madre el seno”. Cuando hablamos de José Martí, generalmente evocamos a un hombre maduro, al Héroe Nacional, al Apóstol de la independencia de Cuba; olvidamos entonces que él también fue joven, y en la flor de la edad conoció el dolor de la patria oprimida, la esclavitud de los negros, el maltrato a los humildes, la injusticia y prepotencia de quienes pisoteaban la tierra amada.


Su personalidad de líder revolucionario, sus ideas independentistas, su capacidad aglutinadora y su visión política despuntaron desde la más temprana edad como reacción lógica de un alma sensible y capaz ante el panorama de la Isla sometida a la metrópoli española. Apenas tenía diecisiete años cuando fue condenado a seis de prisión por su intransigencia y su afán de liberar a Cuba del yugo español. En la cárcel sufrió humillaciones y se vio obligado a realizar trabajos forzados que deterioraron su salud. Su carácter indoblegable no cedió un ápice, por el contrario salió fortalecido del horrible lugar donde enfrentó en toda su dimensión el dolor humano.


Martí dejó a los jóvenes reflexiones y enseñanzas que muestran su preocupación por educarlos, del mismo modo que los inspira a ser mejores cada día. El Maestro creía en la juventud, en su inteligencia, disposición de ánimo y capacidad para crear, para luchar por la justicia y la libertad. Y con su verbo encendido y su confianza en el relevo, reiteradamente se refiere a ella: “La juventud es la edad del crecimiento y del desarrollo, de la actividad, y de la viveza, de la imaginación y el ímpetu. Cuando habla un joven, el alma recuerda dónde se enciende su vigor. Cuando se es joven se crea. La actividad es el símbolo de la juventud. Es de jóvenes triunfar y quien se alimenta de sus ideas, vive siempre joven”.


El proceso revolucionario cubano se ha nutrido desde sus inicios de las ideas más frescas, ha confiado en sus creadores  y les ha asignado las tareas más difíciles. Nuestras guerras de independencia contaron siempre con la presencia de las nuevas generaciones. Jóvenes eran Mella, Villena, Frank, Josué, Abel, los hermanos Saíz… Y fueron jóvenes los que se alzaron con Fidel y Raúl, los que bajaron de la Sierra a construir un futuro mejor y los que marchan a cumplir misiones solidarias en pueblos hermanos o desempeñan en Cuba tareas de choque. A todos ellos Martí les enseñó a crecer como personas y como revolucionarios.


Los tiempos que corren, siempre difíciles, ameritan una gran dosis de humildad, pero también de atrevimiento; una gran dosis de modestia, pero también de valentía. Sobre todo, se necesita una gran dosis de estudio, reflexión, responsabilidad y voluntad de lucha. Siempre existirán, como dijo Fidel, poderosas fuerzas que enfrentar, dentro y fuera del país, pero es de jóvenes triunfar, como expresó Martí.
¿Qué hacer para no fallar? Lo que pidió ese joven eterno: estudiar, pensar y actuar, armarse ideológicamente y aprender por nosotros mismos a ser verdaderos revolucionarios sin descuidar la historia legada. No podemos los jóvenes de hoy sentarnos a esperar a que alguien nos pida o nos diga cómo y cuándo defender y enriquecer la Revolución, porque ella nos pertenece también, y de nosotros será la responsabilidad de proyectarla hacia el futuro. Sin el ímpetu, la pasión y la energía que nos caracteriza, nada será posible.


Traer a Martí al presente, convertirlo en referente asequible y presencia entrañable, sembrar y lograr que en el corazón de cada niño y joven germinen las doctrinas del Maestro y sus virtudes, espiritualidad y ética, como asideros ante cualquier contingencia o dilema, es un empeño, que precisa  de tanta constancia, laboriosidad y paciencia, como el ejercicio mismo de educar.


Los jóvenes de hoy cumplen misiones enfocadas siempre al mismo objetivo: salvaguardar la independencia y soberanía de nuestra patria, practicar la solidaridad y el internacionalismo como única forma de hacer realidad las palabras del Maestro: Patria es humanidad. Aprender de Martí, seguir sus enseñanzas, a la vez que preservamos la memoria histórica de nuestro pueblo y transmitimos ese legado, es una obligación de todos los revolucionarios. Queda a nuestros jóvenes estudiantes, trabajadores, campesinos, militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas, beber de esa fuente y seguir el camino trazado por quienes nos precedieron en la lucha por construir un mundo mejor.

Videos


Artículos Relacionados

Variados