Yo voto sí.

Yo voto sí por mi Constitución porque creo que Cuba necesita una reforma constitucional, no solo porque la nuestra ya tenga 40 años, sino porque el país, la sociedad y el Estado que están recogidos en ese texto han cambiado. Cambiaron sus fundamentos económicos, el funcionamiento del Estado, del poder popular, las relaciones de familia y hasta las relaciones internacionales.


Nuestro proyecto de Constitución, síntesis también de las más avanzadas del  mundo regula la defensa de la Patria, la protección del medio ambiente, la base económica de la sociedad, y el sistema electoral que nos permitirá ejercer nuestros derechos políticos, pero recoge además nuestros derechos y deberes ciudadanos, nos ampara y protege como una madre a sus hijos para que nunca seamos víctima de una injusticia o de la violación de nuestros derechos humanos fundamentales, los que tanto nos ha costado conquistar y preservar. Por eso, como pueblo, pudimos decidir, no solo al final, sino en todos los momentos del proceso de creación, porque esa es la garantía de la legitimidad de la Ley de Leyes gracias a la consulta real a los problemas y demandas de los cubanos que trabajan, construyen, sueñan y viven dentro o fuera de Cuba.

 


Voto sí por la nueva Constitución, porque en la del 76, con solo tres años, no podía opinar, pero, al crecer, supe que no hablaba de derechos humanos, claro, pertenece a una época y un contexto que ya no es; porque, hasta el derecho constitucional se ha atemperado a los nuevos tiempos.  Voto sí porque de la nueva Carta Magna derivarán las leyes de los municipios, de ciudadanía, de comunicación e información, de asociación, medio ambiente y hasta un nuevo Código de familia más parecido a nuestra gran familia cubana del siglo 21. Voto sí por mi Constitución, porque ayudé a mejorarla. Más de diez recomendaciones que hice en los debates en que participe, fueron reflejadas en el texto definitivo que aprobaré junto a mi familia el próximo 24 de febrero, porque soy pueblo, el mismo pueblo que estuvo en el proceso, con una participación verdadera, sistemática y decisiva.   


Y hago mía las palabras de Julio Antonio Fernández Estrada, jurista, historiador y prestigioso formador de varias generaciones de jóvenes juristas cubanos: “Es momento de fundar, no solo de reformar. La creación de un nuevo proyecto político es indispensable para la viabilidad y la sostenibilidad de la nación cubana. Si queremos mantener el Socialismo como opción ética, política, económica, ambiental y social, debemos reconstruirlo desde el pueblo”. Y es el pueblo, en una síntesis de la cultura política, económica y jurídica, el que después de mejorarla, debe ejercer su soberanía indivisible e inalienable, con su voto por el Sí, el próximo 24 de febrero.     

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