El deber sagrado de construir el socialismo y de ser ejemplo

Nosotros seguro aquí en América, y quizás en otros lugares del mundo inauguramos una etapa nueva. Hemos demostrado cómo se puede hacer una revolución al lado, en las fauces del imperialismo yanqui. Y no solo hacer, sino declarar socialista la revolución, y no declararla de palabra, declararla expropiando a los explotadores, desarrollarla, resistir los embates del imperialismo (…).

 

Nuestra lucha victoriosa trajo dos consecuencias, el despertar de los pueblos de América, que vieron que se podía hacer la Revolución, que palparon cómo se podía hacer una Revolución, cómo no estaban cerrados todos los caminos y cómo no era indispensable el mantenerse constantemente recibiendo los golpes de los explotadores (…). Y al mismo tiempo abrimos los ojos del imperialismo. El imperialismo empezó a prepararse también para ahogar en sangre las nuevas Cubas que pudieran existir (…).

 

Porque es la naturaleza del imperialismo la que bestializa a los hombres, la que los convierte en fieras sedientas de sangre, que están dispuestas a degollar, a asesinar, a destruir hasta la última imagen de un revolucionario y de un partidario de un régimen que haya caído bajo su bota, o que luche por su libertad (…).

 

No se puede confiar en el imperialismo, pero ni tantito así, nada (…).

 

Esa es la gran lección que tenemos que aprender nosotros, con los pueblos del mundo, la lección de estar decididos y firmes, a no ceder ni una pulgada ante el imperialismo. Porque es una guerra sin cuartel.

 

Recordemos  (…) que el socialismo que estamos construyendo (…) tiene como cimiento la sangre de muchos de los mejores hijos de este pueblo, de los que nunca escatimaron su sacrificio, el riesgo de su vida para cumplir las tareas (…).

 

Recordemos siempre que la presencia de Cuba, viva y batallante, es un ejemplo que da esperanzas y que emociona a los hombres del mundo entero que luchan por su liberación, y particularmente a los compatriotas de nuestro continente que hablan nuestra lengua, que tienen nuestra cultura, que tienen nuestros hábitos, nuestras costumbres (…).

 

Cumplamos pues a cabalidad, hoy, mañana y todos los días, la consigna que nos impone el deber sagrado de construir el socialismo en el país, y de ser ejemplo vivo para todos los pueblos del mundo.

 

FUENTE: DISCURSO PRONUNCIADO PARA RESUMIR LOS ACTOS CONMEMORATIVOS DEL VIII ANIVERSARIO DEL ALZAMIENTO DE SANTIAGO DE CUBA Y DE LA INAUGURACIÓN DE UN CONGLOMERADO INDUSTRIAL, EL 30 DE NOVIEMBRE DE 1964.

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