Alzamiento del 30 de noviembre, cuando un pueblo se negó a vivir de rodillas

A lo largo de nuestra historia hay miles de ejemplos que demuestran la determinación de los cubanos en sus luchas independentistas, uno de ellos es sin dudas el alzamiento del 30 de noviembre de 1956, protagonizado por el Movimiento 26 de Julio en Santiago de Cuba bajo las órdenes de Frank País García.

La situación que vivía el pueblo de Cuba por entonces era una total tortura, al frente del gobierno un tirano, Fulgencio Batista, un hombre que había llegado al poder tras un vil golpe de Estado en marzo de 1952.
El ataque a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y la toma del Hospital Civil Saturnino Lora, el 26 de julio de 1953, despertó al pueblo cubano y mostró que el único camino para la libertad era la lucha armada, pero también despertó al tirano que desde entonces recrudeció las persecuciones, las torturas, los asesinatos y las desapariciones.


Fidel estaba en México y la dictadura conocía que tenía planes para entrar clandestinamente a Cuba y comenzar una insurrección armada, pero no sabían cuando ni donde. Ante la vigilancia enemiga llegó el mensaje esperado enviado por Fidel a Arturo Duque de Estrada, “Obra pedida agotada”, era el 27 de noviembre de 1956, tres días después el pueblo santiaguero debía tomar la ciudad el mayor tiempo posible.


Los objetivos de la acción militar estaban bien definidos, neutralizar el mayor tiempo posible a la guarnición del Cuartel Moncada de forma tal que se impidiera la salida para apoyar a la policía en la ciudad, el otro objetivo era acopiar la mayor cantidad de armas para llevarlas a las montañas, para eso se atacaría la sede de la Policía Marítima y la Nacional y una ferretería en la Plaza Dolores en el centro de la cuidad que vendía armas y municiones.


Fueron horas de tensión indescriptible y de mucho, pero mucho coraje desbordado por parte de los jóvenes revolucionarios, inexpertos en labores combativas, las calles de Santiago llegaron a ser controladas por los hombres de Frank País, en esta acción revolucionaria se vistió por primera vez el uniforme verdeolivo que tantas glorias le ha dado a nuestro pueblo.


Tony Alomá, Pepito Tey y Otto Parellada, estuvieron entre los caídos aquel día, pero ellos y todos los otros, estaban dispuestos a pagar ese alto precio porque sabían que para un revolucionario a carta cabal la muerte no es obstáculo si no otra forma de lucha, y un camino para los combatientes del futuro.

 

Lo principal de las acciones del 30 de noviembre de 1956, fue sin dudas la demostración de que en Cuba había un pueblo decido a conquistar su libertad al precio que fuera necesario, aquel histórico día marcó el inicio del camino a la libertad, que logramos el 1 de enero de 1959 por primera vez en nuestra historia.

 

Podemos afirmar hoy que el alzamiento del 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba y las acciones en otras provincias del país fueron un estímulo para muchos jóvenes cubanos que hasta aquel entonces no habían integrado ninguna de las organizaciones de luchas, y además un suceso, que no pudo ser disimulado por la tiranía, se conoció fuera de Cuba, algo que le permitió al mundo saber que los cubanos no querían la sangrienta dictadura de Fulgencio Batista.

 

Hoy a 58 años de aquellos hechos los cubanos seguimos siendo los mismos, salvo que ahora, esa determinación de Frank País y sus hombres la tenemos nosotros por preservar nuestras conquistas, nuestra libertad y nuestra independencia, y quien pretenda arrebatárnosla se encontrará con todo el pueblo dispuesto primero a morir, que a ser puesto otra vez de rodillas.

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