De verdad que parece una estrella

Mi maestra se llama estrella y de verdad que parece una estrella…Así comenzaba uno de los textos del libro de lectura de segundo grado. Eran las palabras justas para mi maestra Olga Lidia porque ella era  la luz,  la calidez y el amor que llenaba el aula.

Nunca antes había tenido una maestra así…recuerdo que en ese entonces en mi aula no había alumno rezagado, ni muchacho malo. Todos los pioneros que cursábamos el segundo grado en la escuela primaria Félix Varela, de Caraballo, éramos los mejores estudiantes del centro.

 

Y es que así nos hacía sentir la maestra Olga. Nadie como ella sabía premiar lo que estaba bien y también requerir lo incorrecto con tanto tacto y sutileza que todos nos esforzábamos al máximo en cada clase. Recuerdo que llenaba los cuadernos y libretas de figuritas que ella misma recortaba, de Felicidades Campeón y de estrellitas rojas. ¡Qué días aquellos! Cada lección era nueva fiesta de saber.

 

Nunca antes un maestro había logrado motivar de igual forma a  mis compañeritos de aula. Ni Yainier, ni Michael ni Lenieski, los dolores de cabeza de todos los educadores que le sucedieron a Olga Lidia, le dieron quehacer a mi joven y dulce maestra.

 

Ellos eran sus niños lindos y en el aula los mejores jueces del orden y la disciplina.

En la fiesta de fin de curso recuerdo que Yainier, Michael y Lenieski eran los más que lloraban. Todos estábamos tristes y ni las palabras de nuestros familiares lograban consolar el dolor de tener que decir adiós a una maestra, a una madre, a una amiga, a un compañero de aula más.

 

Eso fue siempre mi maestra Olga Lidia, una luz para los alumnos de segundo grado en la primaria Félix Varela, del municipio de Jaruco, el evangelio vivo de José de la Luz y Caballero y la maestra Estrella de mi libro de lectura, a quien todos aún queremos aún por haber sido también muy buena y cariñosa.

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