Camilo Cienfuegos: la imagen del pueblo

La historia de Cuba es muy rica en hechos y personalidades que a través de ejemplo y sacrificio han trazado el camino para que mantengamos hoy nuestra Revolución. Pero hay una figura que se eleva y emerge siempre porque nunca se ha marchado y su grandeza se agiganta en cada anécdota, en lo que hizo y lo que haría hoy en estos nuevos tiempos. Ese hombre es Camilo Cienfuegos Gorriarán.


Camilo nació un 6 de febrero de 1932, en Lawton, La Habana, su sueño de joven era ser escultor. Al terminar la Primaria Superior, ingresó en la escuela de arte de San Alejandro; pero a los tres meses tuvo que dejarla para trabajar y ayudar a su familia dada la necesidad de la época.


Cuentan que tenía habilidades y destreza para las artes, en una ocasión modeló una escultura del dios griego Apolo y un tiempo más tarde en un registro a su casa por esbirros de la tiranía ignorantes además, y confundieron la imagen de Apolo con la de un dirigente ruso. Por poco se llevan presos a los padres de Camilo acusados de comunistas.


Era físicamente de piel blanca; ojos castaños; pelo, barba y bigotes, castaños; nariz perfilada; manos inquietas con dedos largos; dientes parejos y sonrisa amplia que siempre lo caracterizó.


El héroe de Yaguajay medía un metro y 77 centímetros, y caminaba com pasos largos, era sin dudas simpático y jaranero, siempre y le encantaba bailar y leer poesía, y escritos sobre Maceo, Martí.


Camilo Cienfuegos era lo que dice todo un caballero, respetuoso con superiores y subordinados. No sabía fingir. No le agradaba sentarse ante un buró. Era organizado, ordenado y cuidadoso con sus papeles y documentos. Mantenía su uniforme limpio. Sabía tomar las decisiones adecuadas y hacerlas cumplir. No aceptaba excusas por lo mal hecho. Castigaba de modo ejemplarizante las indisciplinas. Fiel a toda prueba y guapo de verdad.


Pero Camilo Cienfuegos era mucho más, mucho más que eso, era un hombre en toda la extensión de la palabra, de los pocos que predican con un ejemplo cargado de hechos concretos que hacen a otros seguirlo a donde vaya a la misión que sea.
Estando en México para finales de 1954 deportado de Estados Unidos conoció de las intenciones de los cubanos, y tras convencer a todos especialmente a Fidel, Camilo se convirtió en el último expedicionario en ser aceptado para venir en el yate Granma a Cuba.

 

Tras el encuentro en Alegría de Pío, Camilo comienza a destacarse por su arrojo y valor, ganó sus grados militares poco a poco y comienza a ser llamado el Señor de la Vanguardia. El 26 de abril de 1958, es ascendido por Fidel al grado de Comandante del Ejército Rebelde.

 

Más avanzada la lucha armada le fue asignada la tarea de dirigir la columna número 2 "Antonio Maceo", que emprendería junto a la del Che la necesaria invasión a Occidente.

 

Ya disfrutando del triunfo revolucionario y bajo el cargo de Jefe del Ejército, la muerte nos lo arrebató cuando regresaba de Camagüey tras cumplir una importante misión, controlar y detener al traidor Huber Matos.


Su inesperada desaparición se produjo el 28 de octubre de 1959, en un accidente de aviación a causa del mal tiempo, su avión ejecutivo, un Cessna 310. Durante intensos y largos días toda Cuba estuvo pendiente de que apareciera Camilo pero no fue así.

 

Dos días antes del accidente fatal, el 26 de octubre de 1959, y 18 años antes de nacer este periodista, desde el Palacio Presidencial, hoy Museo de la Revolución, se dirigió por última vez al pueblo, a su pueblo querido, en el acto contra el criminal ametrallamiento a la capital por aviones piratas. Son muchos los cubanos que al ver las imagines y escuchar su voz, no pueden evitar que sus ojos humedezcan, sus palabras de ayer tienen hoy la misma vigencia:
“…Tan alto como el pico invencible del Turquino es hoy el apoyo de este pueblo cubano a la Revolución, que se hizo para este pueblo cubano [...] Porque para detener esta Revolución cubanísima tiene que morir un pueblo entero y si esto llegara a pasar, serían una realidad los versos de Bonifacio Byrne:

Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día...
¡Nuestros muertos, alzando los brazos
la sabrán defender todavía!...
[...] De rodillas nos pondremos una vez y una vez inclinaremos nuestras frentes, y seráel día que lleguemos a la tierra cubana, que guarda veinte mil cubanos para decirles:
¡Hermanos, la Revolución está hecha, vuestra sangre no cayó en balde!”


Tras su desaparición física quien fuera su mejor amigo, el Comandante Ernesto Guevara, el Che expresó: “…Pero no hay que ver a Camilo como un héroe aislado realizando hazañas maravillosas al solo impulso de su genio, sino como una parte misma del pueblo que lo formó, como forma sus héroes, sus mártires o sus conductores en la selección inmensa de la lucha, con la rigidez de las condiciones bajo las cuales se efectuó.

…recalquemos sí, que no ha habido en esta guerra de liberación un soldado comparable a Camilo. Revolucionario cabal, hombre del pueblo, artífice de esta revolución que hizo la nación cubana para sí, no podía pasar por su cabeza la más leve sombra del cansancio o de la decepción. Camilo, el guerrillero, es objeto permanente de evocación cotidiana, es el que hizo esto o aquello, «una cosa de Camilo», el que puso su señal precisa e indeleble a la Revolución cubana, el que está presente en los otros que no llegaron y en aquellos que están por venir.


En su renuevo continuo e inmortal, Camilo es la imagen del pueblo”

Vilma Espín heroína y combatiente revolucionaria, también desaparecida físicamente, definió en una oportunidad lo que para ella representaba el hombre de la gran sonrisa. “…Camilo es una figura legendaria, esa es la idea que yo tengo de Camilo, hasta de su mismo nombre nada común, lleno de fuerza y de poesía al mismo tiempo.


Si nosotros inventáramos un nombre para un personaje de leyenda le podríamos poner el nombre de Camilo Cienfuegos.

La misma muerte de Camilo, perdido en el mar, la manera de conmemorarla, echando una flor al agua y todas aquellas, sus hazañas, son acciones de leyenda.


Camilo Cienfuegos, está ahí, en el pueblo, en la Asamblea Nacional, en la máxima dirección del Partido junto a Fidel y Raúl luchando como siempre lo hizo por el bienestar de su gente, apoyando las nuevas transformaciones que vive el país.
Sonríe con esa nobleza de siempre y sólo aquellos que no saben que los hombres grandes de la patria nunca mueren no pueden verlo, porque Camilo está ahí, en cada decisión en cada paso, en cada cubano que ame a su patria y esté dispuesto a morir por ella. Camilo Cienfuegos Gorriarán no murió, y hoy cumple 83 años. Felicidades Comandante.

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