Revivir

Hace pocos días un grupo de profesores que conformaron, hace dos décadas atrás, el colectivo pedagógico de la otrora Secundaria Capitán San Luis de Jaruco, concertaron una cita para regresar al pasado.

 

Así me lo contó La ingeniera Ofelia Delgado Padrón, una mujer bien conocida por el pueblo porque desanda los centros de trabajo, las escuelas y las calles dictando mejores maneras para vivir más y mejor, desde su puesto actual como promotora de Salud en la Unidad Municipal de Higiene y Epidemiología.

 

Ofelita, como se le conoce, dice que luego de varias llamadas, recados y visitas, lograron ponerse de acuerdo y reunirse once de los 19 profesores que durante algunos años prestigiaron la docencia en la escuela Capitán San Luis del municipio.

 

Con una hermosa carga de recuerdos los profesores Armando Reyes, Richard García, Odaisi Aras, Anoida Véliz, Aleida Hevia y Ofelia Delgado, entre otros dedicaron casi todo un día a evocar aquellos tiempo en que eran más jóvenes y se enseñaba y educaba de otras maneras, pero con la misma finalidad: formar de manera integral a los adolescentes del municipio que transitaban por el nivel medio superior.

 

El encuentro devino una fiesta de la memoria porque se regocijaron con la una retrospectiva, útil, agradable, nostálgica. Recordaron las actividades pioneriles, las escuelas al campo, los laboratorios de Ciencias Naturales que luego se diluyeron por muchas causas, pero que por suerte hoy renacen en los centros educacionales de todos los niveles de enseñaza.

 

También rememoraron con agrado como la antigua Secundaria Capitán San Luis de Jaruco fue testigo de sus amores y desamores, las fallas y los éxitos en el trabajo, y el sitio que marcó su labor en el magisterio de la mano de otros grandes profesores que ya no están y también de talentosos alumnos que hoy son ingenieros, científicos, maestros.

 

Cuando Ofelita me contaba los detalles del encuentro, recordé como la Doctora Gisela Rubio Cabrera y otros trece médicos jaruqueños que se graduaron en mil 993 también se reunieron hace poco más de un año con la misma motivación: reencontrar a los viejos amigos y recordar.

 

Creo que se trata de una iniciativa hermosa y es un buen ejercicio, no solo para dar vuelta atrás a lo vivido, sino para repensar el presente y dibujar un futuro más hermoso, o más bien concebirla como una promesa individual, imprescindible para mantener vivas las esperanzas y convocar la fuerza interior que no deben envejecer, pese a las circunstancias difíciles del camino.