José Martí, El ojo del canario, un camino para encontrar al Maestro

“Asegurar el albedrío humano; dejar a los espíritus su seductora forma propia; no deslucir con la imposición de ajenos prejuicios las naturalezas vírgenes; ponerlas en actitud de tomar por sí lo útil, sin ofuscarlas, ni empelerlas por una vía marcada. ¡He ahí el único modo de poblar la tierra de la generación vigorosa y creadora que le falta!” José Martí 1882
Hacía algún tiempo José Martí había descendido de su estatua para mostrarme que, sobre todas las cosas, había sido un hombre. No obstante pude realmente desentrañar la esencia espiritual del Héroe Nacional Cubano en la película de Fernando Pérez: José Martí, El ojo del canario, del año 2010.

 


Cuenta el propio realizador cubano, que a él jamás se le hubiese ocurrido intentar una obra en la que cupiera una figura gigante, universal como la de José Martí. Quizás, por esa misma razón aceptó el reto, pero se propuso ante todo llevar al espectador hacia una travesía espiritual por la vida del Maestro.


Infancia y adolescencia de Martí fueron las dos etapas reflejadas en el filme, cuyo guión escribió solo el propio Fernando Pérez, algo que hacía de esa manera por primera vez. Y es que su idea era concebir una historia a partir de su propia interpretación de la vida de un hombre que se sobrepuso a la muerte porque vivió ardorosamente para los otros.
Fernando Pérez sabía que Martí estaba repartido de maneras muy diversas en Cuba, entre los pedagogos, los niños, los jóvenes, los políticos, los investigadores. De ahí que en su intento hallaría la polémica, porque el Martí que el público vería en la gran pantalla era, sencillamente, el suyo.


Un ser profundamente humano, marcado por el dolor y la incomprensión, distinguido por una poderosa inteligencia y dotado por la virtud pasional del artista, es en esencia lo que el creador de Clandestinos y Suite Habana propuso.
Y fueron muchas emociones encontradas lo que suscitó el estreno de esta película, que resultó también ser una de las más celebradas en la edición 32 del Festival de Cine de La Habana.


Por mi parte, la disfruté muchísimo porque no se trataba del panfleto político, sino de una historia sin máscaras, múltiple, conmovedora, verdadera, nueva. Ahí estaba el Martí en su germinación como un ser humano traído a la vida “como cera para ser vertido en un molde”, pero que logra sobreponerse al tiempo, a los tiempos y ser, definitivamente, él mismo.


José Martí, El ojo del canario es una escuela, un libro, un poema. Es realmente un camino que permite el rencuentro con un ser que tiene hasta hoy la facultad de renovarse, de mantener la frescura y la juventud de cualquier tiempo, porque es único y a la vez se parece a todos nosotros.

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