La contraofensiva revolucionaria de Fidel marcó el curso de la guerra de liberación en 1958

En febrero de 1958 el ejército del dictador Fulgencio Batista y sus altos mandos comprendieron que lo que ocurría en la sierra maestra iba a terminar por derrocarlos, entonces decidieron emprender una gran ofensiva contra las lomas de Oriente que exterminara la resistencia y el peligro que era Fidel Castro.

Quince meses llevaban los rebeldes en las lomas y aún estaban ahí, en las ciudades del país, a pesar de las represiones, las detenciones, las torturas y los asesinatos, la juventud unida al movimiento 26 de julio no le daba respiro a la tiranía.

Cuba era un hervidero de acciones que mantenían en jaque perpetuo a las fuerzas del régimen. Batista sabía que solo un golpe demoledor podría asegurarle más tiempo de saqueo, corrupción torturas y asesinatos, o lo que es lo mismo más tiempo de explotar y avasallar a su propio país. Entonces decidió en febrero de 1958 lanzar una ofensiva final contra la Sierra Maestra.

Visto así en primera instancia, la idea tenía toda la lógica del mundo, decían los esbirros cuando lanzaron la ofensiva sobre matar a Fidel: “los demás no preocupan, muerto el perro se acabó la rabia” entonces reunieron un verdadero ejército. Poco más de 10 000 hombres, con todas las armas necesarias para un soldado de la época, carros, tanques, todo el aseguramiento logístico, la fuerza aérea, y muchos de los mejores oficiales fueron enviados para terminar la Revolución.

Los esbirros pensaban que poco más de tres meses o tal vez cinco acabaría la lucha y casi aciertan en sus pronósticos, pues nueve meses después acabó la lucha pero con la derrota total del enemigo ante el Ejército Rebelde y el pueblo de Cuba.

Fidel desde su genial conducción comenzó a mover las tropas y disponer de sus mejores hombres en las columnas decisivas y de una forma u otra los revolucionarios se las agenciaban para mantener a raya a los esbirros. Entonces llegó la batalla que cambió el curso de la guerra y el destino de Cuba.

Hablamos de la Batalla del Jigüe, una acción revolucionarios que le demostró a todos, incluidos los propios guerrilleros del ejército rebelde, que la victoria era posible.

La Operación FF, Fase Final o Fin Fidel había comenzado. El día 11 de julio de 1958 comenzó todo, una pequeña patrulla rebelde tropezó con integrantes del poderoso Batallón 18 de la Infantería batistiana.

El batallón había logrado entra en la Sierra Maestra y pretendía ocupar importantes objetivos dentro del ejército revolucionario, como era Radio Rebelde, algunos hospitales y talleres que servían de abasto al los guerrilleros.

Al enterarse del suceso Fidel toma de forma muy rápida una decisión, rendir al batallón 18, de forma absoluta, buscando demostrar de lograrlo que la victoria general era posible y además asestando un duro golpe a las tropas enemigas.

El Batallón 18 contaba con un gran número de soldados debidamente equipados, la batalla se inició entre los ríos Jigüe y la Plata, fue encarnizada y duró diez días, donde el desgaste fue tremendo.

Las tropas rebeldes no dieron nunca respiro al enemigo, le bloquearon las salidas de acceso al enemigo impidiéndoles bajar a reabastecerse y rendirlos por hambre.

Al pasar varios días el ejército de Fulgencio Batista apeló a la aviación para intentar amedrentar a los hombres dirigidos por Fidel y no fueron pocas las ráfagas que cayeron pero los rebeldes no se rindieron como tampoco lo hizo el jefe del ejército batistiano que se negaba siempre a entregarse.

Llegó el día 19 en que tuvo lugar el combate más fuerte duró 24 horas y los rebeldes pudieron contener a los refuerzos enemigos y lograr finalmente la rendición del Batallón 18.

El contraataque rebelde fue determinante para la victoria final, rápido y firme los barbudos lograron ocuparle al enemigo más de 200 armas. Parque, y capturar varios prisioneros.

La Batalla del Jigüe marcó el inicio del fin de la dictadura sangrienta impuesta por Fulgencio batista en Cuba desde marzo de 1952, y que culminó con el triunfo absoluto de la Revolución el 1 de enero de 1959.

Después del Jigüe nada fue igual, las tropas rebeldes ganaron en confianza y los esbirros en miedo, las columnas invasoras Antonio Maceo, bajo el mando de Camilo Cienfuegos; y la Ciro Redondo, comandada por Ernesto Che Guevara, comenzaron su andar imparable y las victorias se fueron sucediendo un tras otra, lo que no quiere decir que el camino entre julio de 1958 y enero de 1959 haya sido fácil.

El Che y Camilo llevaban la vanguardia de la invasión, Juan Almeida y Raúl aseguraban Oriente y de la operación FF se pasó, pudiéramos decir, a la operación FB, fin de Batista.

La lucha en las montaña de oriente fue muy dura para los jóvenes guerrilleros, pero sin contar con la cantidad de hombres adecuadas, ni las ramas, ni el parque, pasando hambre, muchas penurias y miles y miles de picadas de mosquitos, la convicción de los hombres de Fidel se alimentaba con el ejemplo de sus principales líderes.

En el resto del país gracias a las transmisiones de Radio Rebelde, genial idea del Che, el pueblo se mantenía al tanto de los sucesos de Oriente, por otra parte el movimiento 26 de julio apoyó siempre las acciones de la Sierra desde las difíciles condiciones de la lucha en las ciudades.

Tras el fracaso de la Huelga General del nueve de abril de 1958 y el resultado de la Batalla del Jigüe comenzó la contraofensiva revolucionaria de Fidel que no tardó en propiciarle la estocada final a aquel régimen de oprobio que tenía a Cuba sentenciada a la perdición.

Al decir de Fidel y Raúl, la contraofensiva revolucionaria fue un momento histórico dentro de la lucha revolucionaria y cuyo resultado se logró porque los hombres sabían a ciencia cierta porqué peleaban.

El significado histórico de la Batalla del Jigüe donde se derrotó a la última ofensiva de la tiranía en el verano de 1958, fue expresada por el General de Ejército Raúl Castro cuando afirmó: “apenas 300 rebeldes resistieron a diez mil soldados con tanques, con la artillería que poseían, con toda su aviación y hasta la flota, las tres fragatas en el Caribe, en el sur de la Sierra Maestra disparando contra ellos, y ellos supieron conquistar la victoria. Los hizo invencible conocer por qué combatían y confiar en alcanzar el triunfo.

Pasarán los siglos, y aunque hoy lo nieguen nuestros enemigos, de esta victoria, que decidió la guerra, y como dijo el Che: “se le quebró al ejército de la tiranía el espinazo”, hablarán también como de la batalla en el desfiladero de Las Termópilas, con una diferencia: ellos murieron heroicamente y perecieron todos; los 300 rebeldes que en ese momento se encontraban en la Sierra Maestra bajo la dirección del Comandante en Jefe ¡VENCIERON!”

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