Salvar a los niños en primer lugar

Un accidente siempre es un hecho lamentable, pero si la víctima es un menor, mucho más. Algunas personas piensan que todo está escrito en algún libro invisible y misterioso, y lo que está predestinado ocurrirá de cualquier manera.

Mi propósito hoy, no es solamente expresar mi desacuerdo con esa teoría, sino fundamentar que en más del noventa por ciento de los casos los accidentes pueden evitarse.

Hace pocas semanas hubo que lamentar en Mayabeque el fallecimiento de un niño que contaba menos de dos años de vida a causa de ahogamiento mientras ingería un alimento. No me compete revelar su identidad, pero sí decirles que no es un cuento de caminos, ocurrió y trajo consigo ese tipo de dolor terrible que jamás se cura.

 

Las autoridades sanitarias del Programa Materno Infantil en Cuba hacen una advertencia a las familias sobre los accidentes domésticos que constituyen la primera causa de muerte en niños menores de cinco años de edad. Y no se trata de un problema de salud exclusivo de la América Latina, afecta a todo el planeta.

 

Mientras el Ministerio Nacional de Salud Pública de Cuba garantiza vacunas, medicamentos, atención hospitalaria gratuita, seguimiento a la madre y al recién nacido y pone a disposición de la calidad de vida de la población infantil cuantiosos recursos materiales y humanos, las estadísticas registran que continúan falleciendo niños por accidentes prevenibles.

 

¿Qué está sucediendo? Los expertos atribuyen el alza en la tasa de accidentes en el hogar que involucran a los menores, al desarrollo vertiginoso de la ciencia, la tecnología y otras esferas de la vida económica y social. También la inserción cada vez más frecuente de las mujeres al trabajo genera estrés y reduce el tiempo que se dedica al cuidado y la crianza de los hijos.

 

Pienso que lo más importante es entender que un niño menor de cinco años desconoce el peligro, no es capaz de medir las distancias adecuadamente, y por su estatura resultan menos visibles, por ejemplo en la vía, donde también son víctimas de atropellamientos fatales.

 

No le estoy pidiendo que se ponga paranoico y ate su hijo a la saya. Solamente llamo su atención para que tenga en cuenta lo siguiente: los niños pequeños son curiosos y exploran el mundo para descubrir texturas, colores y sabores. Se introducen objetos en la boca, que pueden provocar ahogamiento o envenenamiento muchas veces, sobre todo, si se trata de alguna sustancia tóxica o un medicamento.

 

En la etapa preescolar todavía no se han consolidado las habilidades para correr, trepar y saltar por eso pueden caer de un muro, un árbol, o un mueble de la casa. Usted puede estar viendo una novela en la tele, o estar agobiado por el trabajo que lleva a la casa después de la jornada laboral y pierde del radar a su pequeño a veces por horas. Es posible que sea una mamá o un papá joven e inexperto y no alcance a reconocer en los balcones, los tomacorrientes, los objetos de la cocina, o el fogón peligros potenciales para su hijo. Las causales son interminables.

 

Pero antes de terminar quiero insistir en el tránsito en estos meses de verano cuando se incrementa la circulación de vehículos y la aglomeración en los cruces de las vías y los lugares públicos. El llamado a estar atentos es para la familia y para los chóferes.

 

Los niños son un tesoro y el alma de una familia. Cualquier cosa puede quedar para después, lo que no se puede relegar a un segundo plano es el cuidado y la atención que merecen y necesitan. El orden en que usted ponga las prioridades es clave para la vida.

 

Y para cerrar repito la misma frase que les dejé cuando la pequeña Isabela de cinco años se nos fue a causa de un accidente de tránsito hace exactamente siete meses: “El arrepentimiento no cura el dolor, pero la prudencia puede evitarlo”.

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