Rotceh Ríos Molina: Una voz de Jaruco que iluminará el Décimo Congreso de la UJC

El Décimo Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba (UJC) se aproxima y con este la oportunidad de ver y escuchar nuevamente al médico de Jaruco Rotceh Ríos Molina, Delegado directo al foro. Aunque de Rotceh estuve hablando casi sin parar por más de seis meses sigo descubriendo en él cualidades que no siempre se hallan juntas en una persona de su edad.

 

Han transcurrido más de dos meses desde su regreso a la patria luego de enfrentar la epidemia del Ébola en Sierra Leona y yo releo sus mensajes de aquellos días, miro otra vez las fotografías suyas donde se perpetúa una obra de infinito amor que todavía me estremece como el primer día.

 

Me alegra infinitamente que Rotceh Ríos Molina esté en casa, sano y con misión cumplida, pero les confieso mi añoranza por los días en que recibía desde Waterloo sus palabras, por la vía del correo electrónico. Recuerdo que en algunas ocasiones nos escribíamos hasta dos veces al día porque yo no dejaba de hacerle preguntas y él amable y paciente me mantenía al tanto de cada detalle de la misión.

 

Para el médico de San Antonio de Río Blanco fue la experiencia más intensa y hermosa de su vida, y para mí la gran aventura que espera cualquier periodista. Sin él sospecharlo yo también estuve en Sierra Leona, tuve los miedos y las fuerzas que acompañaron a los médicos y enfermeros que miraron cara a cara a muerte para desafiarla y cerrarle el paso.

 

Acompañé a Rotceh en la Zona Roja, caminé a su lado curando, exigiendo y enfrentando el asombro y las sorpresas más tristes que fueron las de ver morir a los niños.

 

También caminé por la playa que baña la ciudad de Freetown y junto a su mano le ayudé a escribir un Te amo, grandísimo que agradeció su esposa Laritza en Cuba. También usé el traje casi de cosmonauta que lo mantuvo a salvo y sentí el mismo fuego que quema y encharca la piel de sudor y de pasión que él describiría muchas veces.

 

Y así fue un día y otro y muchas jornadas de pelea contra un virus terrible que se aprovechó de la ignorancia y el desamparo de la gente en ese país de África. Creo que nunca me cansaré de agradecerle por abrirme las puertas de su corazón y permitirme compartir la batalla épica contra el Ébola, que desafortunadamente está inconclusa.

 

A pesar de convertirse en una figura pública, algo que no se propuso y imaginó, este joven galeno de 30 años conserva intactos su humildad, su bondad infinita y la ternura que le hace abrir las puertas de casa, de su consulta y de su vida a cualquier persona que precise de sus servicios, sin importar el día o la hora.


De ahí que no me caben dudas, que sus palabras y su historia iluminarán el Décimo Congreso de la UJC.  

Aunque la mayor felicidad de Rotceh Ríos Molina es estar en casa con la familia, sus dos niños y su mujer, desde que estuvo en Sierra Leona tomó una determinación que le acompañará para siempre: salvar vidas donde sea y como sea. Pero pienso que esa decisión latía en su sangre desde que apenas era un muchacho y le dijo un día a su mamá: Yo quiero ser médico.

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