Por donde brota una ciudad

SANTIAGO DE CUBA.—Por la certeza de que traerá a esta urbe otros 500 años de felicidad, muchos de sus residentes no han perdido los detalles de la construcción de la primera fuente del país “de chorros de cristal”, capaz de enviar simul­tá­nea­­mente el agua y la luz, lo que ofre­cerá en los atardeceres y las no­ches un espectáculo singular.


Ubicada en la intersección de las avenidas Victoriano Garzón y de los Libertadores (esta última justo en el sitio que marca el kilómetro final 969 de la Carretera Central iniciada en el Capitolio de La Habana), la obra también es para algunos una especie de parador en el que podrán reponer fuerzas quienes rinden via­je desde el occidente del país.

Sin embargo, la opinión es unánime en cuanto a que añade un elemento embellecedor al área monumental 26 de julio, integrada por varios sitios emblemáticos de la lucha insurreccional encabezada por Fidel y la Generación del Cen­tenario, como el antiguo Cuar­tel Mon­­cada, el parque Abel San­ta­ma­ría localizado en las ruinas del hospital Saturnino Lora y el Palacio de Justicia.

 

Patricia Arredondo Lora, arquitecta al frente del equipo de trabajo designado por la Oficina del Conservador de la Ciudad para proyectar la fuente, explica que la misma está compuesta por el foso técnico, un pasillo de circulación y estanques.

 

“Cuarenta y seis impulsores con­­­ducen los chorros de agua en for­ma de arco hasta los estanques, de manera que las personas puedan desplazarse bajo ellos. El interior de los estanques está enchapado con losas de gres cerámico, mientras que los exteriores de la fuente los cubrimos con piedra de Jaimanita, color arena, para reducir los reflejos del sol”, detalla.

 

El agua, que igualmente se eleva varios metros en el centro, efecto derivado de otros tres surtidores especiales, explica, pro­viene de una cisterna propia diseñada para almacenar alrededor de nueve metros cúbicos, con un sistema de recirculación, que tiene en cuenta la permanente necesidad de ahorro del vital líquido en esta ciudad.

 

“De cara a la popular intersección colocamos la frase ¡Gracias, Santiago!, pronunciada por Fidel, en reconocimiento al rol de la ciudad y su gente en la historia de lucha del pueblo cubano. Las letras fueron fundidas en bronce. Las ma­yúscu­las tienen un metro de alto y 50 centímetros las minúsculas. Eso las hace muy visibles”.

 

La fuente se integra al Coppelia La Arboleda, construido años atrás, de ahí que entre los retos asumidos esté la adaptación a la morfología del lugar, caracterizado por una ligera elevación, que determinó la construcción, en la parte correspondiente a la avenida Garzón, de una escalinata de acceso al pasillo de circulación que conduce a la heladería y a las instituciones colindantes.

 

Para Patricia ha sido muy importante respetar los hábitos de circulación peatonal, influidos por el acoso permanente del sol sobre las personas al caminar y las reacciones de estas para buscar las vías más rápidas hacia los puntos de destino.

 

Por esa misma causa, el proyecto contempla mejorar la jardinería con la siembra de árboles que brinden sombra, junto a nuestras simbólicas palmas reales, de manera que resalten con su verdor sobre la piedra de Jaimanita.

 

La compra del equipamiento corrió a cargo del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, que invirtió unos 62 000 euros, asevera el ingeniero Ángel Barreda Trujillo, quien en representación de la Empresa de Acueducto y Al­cantarillado Aguas Santiago, asumió el proyecto hidráulico y el montaje de los medios.

 

Al resaltar las novedades de la fuente, este hombre que disfruta apasionadamente con las decenas de obras terminadas y las que están en marcha con motivo de la celebración de los cinco siglos de su ciudad, destaca el sistema inteligente que mediante programas computarizados rige los horarios de trabajo de los sistemas de luces y de bombeo de agua.

 

Como parte del mismo entorno, en la esquina del frente, en áreas cercanas a la sede del Grupo de la Construcción de la provincia, trabajadores de Servicios Comunales dan los toques finales a una cascada con tres saltos de agua proyectada por la joven arquitecta Bárbara Aguilar Méndez, en respuesta a un pedido también realizado por la Oficina del Conservador de la Ciudad.

 

La concibió para que el agua brote de piezas ensambladas con mármol, representativas de elementos urbanos, de manera que des­cienda a través de cantos rodantes (piedras también llamadas “Chinas Pelonas”), que al provenir del río Daiquirí, ubicado al este de la ciudad en áreas del parque Ba­co­nao, evocan la naturaleza.

 

De entre las piedras brotan luces de colores mediante un sistema operado automáticamente. Al igual que la obra anterior, atendiendo al déficit de agua que afronta el territorio, la cascada se nutre de una cisterna de 16 metros cúbicos dotada de recirculación de este líquido, impulsado por una electrobomba vertical.

 

Como parte del proyecto de construcción de fuentes de esta calurosa urbe, en el Coppelia Jardines de las Enramadas, en pleno corazón de la ciudad, levantan otra, en la cual el agua impulsada por un surtidor, forma un cáliz (copa) de un metro de alto por 1,4 metros de ancho. Con luces que también reproducen las tonalidades del arcoiris, se integra armónicamente a las áreas verdes de este sitio de gran popularidad desde su creación.

 

El agua como elemento recurrente en estas obras que embellecen la ciudad, no es obsesión o capricho. Quienes las han ideado o levantan con entusiasmo, opinan que los santiagueros han vivido alternando sequías e inundaciones, fenómenos que aportaron singularidad al carácter rebelde que los ha hecho enfrentar con estoicismo y vencer, con el trabajo conjunto, cualquier adversidad.

 

Autor: Eduardo Palomares Calderón | Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Autor: Germán Veloz Placencia | Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.