Juan Almeida Bosque, un hombre del Moncada

La Habana lo vio nacer un 17 de febrero de 1927, era un mulato bonito según contaban sus familiares más allegados, lo que nunca pudieron imaginar fue que ese mulato se convertiría en uno de los hombres más grandes de la historia de la Revolución cubana.

 

Lo nombraron Juan, y detrás Almeida Bosque, su familia era humilde, pero muy trabajadora, el niño Almeida sólo pudo estudiar hasta el octavo grado, pero aprendió rápidamente el oficio de albañil, siempre le gustó leer.


Comenzar a trabajar en el Balneario Universitario cambió su vida para siempre, allí el trato con los estudiantes fue otra escuela para Almeida Bosque, que poco a poco se ve vinculado con la Generación del Centenario, apoyado en la gestión de su amigo Armando Mestre.


Fue durante su trabajo como taquillero, mozo de limpieza o desempeñando cualquier otra función dentro del balneario Universitario que Juan Almeida conoció a Fidel Castro, con el que poco a poco fue entablando una amistad más allá de compartir los mismos ideales, y que luego el destino se encargó de hacer inquebrantable.


Cuando Armado Mestre vino a buscar a Juan Almeida para irse a Santiago este no dudo un segundo y una vez en tierra Oriental, según relató el mismo Almeida, muy serio pidió una arma del tipo M-1 o un Springfield o una pistola, a lo que le respondieron: ‘No, nada de eso hay aquí. A ti lo que te toca es un fusil calibre 22, que te parace".


Luego del Asalto al Moncada fue hecho prisionero junto avrios compañeros y durante la vista oral, demostró su convicción revolucionaria en cuanta tuvo oportunidad: “Yo declaro bajo juramento que sí participé en el asalto al cuartel Moncada y que nadie me indujo, a no ser mis propias ideas que coinciden con las del compañero Fidel Castro y que en el caso mío provienen de la lectura de las obras de Martí y de la historia de nuestros mambises”. Le contestó firmemente al fiscal.

 

Y luego cuando le preguntaron si se arrepentía de su participación en los hechos, replicó: “No, señor, si tuviera que volver a hacerlo, lo haría, que no le quepa la menor duda a este tribunal”. Fue condenado a 10 años de prisión, y luego trasladado junto a sus compañeros al Presidio Modelo de Isla de Pinos.

 

Participó en el Granma, y en Alegría de Pío al ser sorprendidos los expedicionarios y tras rescatar al Che, que se encontraba herido, cuando fueron convidados a la rendición por los soldados de la tiranía, Almeida grito: ¡aquí no se rinde nadie cojone! Una frase atribuida durante años a Camilo Cienfuegos y que por pura modestia Juan Almeida nunca reveló hasta que Fidel lo hizo por él.

 

Se ganó muy bien ganados sus grados de Comandante y fue durante toda su vida un ejemplo para su pueblo, recuerdo cuando se pasó una tarde limpiando zapatos a cualquier persona en una calle de Oriente para recordar las cosas que hizo en su pasado cuando era un niño que tuvo que abandonar la escuela.

 

Juan Almeida Bosque era también el padre protector, músico y escitor, fue un compositor genial cuya obra más identificada es sin dudas La Lupe, que viene siendo un rezo de suplica y agradecimiento a la virgen de Guadalupe de México para que todo les saliera bien a sus compañeros y al mismo tiempo en su letra se muestra la convicción revolucionaria de aquel grupo de jóvenes.


Almeida fue miembro del Buró Político y Vicepresidente del Consejo de Estado, recibió múltiples condecoraciones y órdenes nacionales e internacionales, entre los que destacó el Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba y la Orden Máximo Gómez de primer grado, otorgados el 27 de febrero de 1998, en ocasión del aniversario 40 de su ascenso a Comandante en la Sierra Maestra.

 

El 11 de septiembre de 2009 falleció en La Habana, Juan Almeida Bosque, producto a un paro cardíaco, Cuba estuvo de luto oficial por tres días en su honor, pero el dolor del pueblo ante la perdida de unos de sus hijos más respetados y queridos fue mucho más allá, en nuestra ciudad Condal se recordó y todo el pueblo jaruqueño hizo largas filas para rendirle un poco más de cerca un sentido y sencillo homenaje a un hombre que no dudó nunca en arriesgar su vida por el bienestar de su pueblo.

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