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Así vive Antonio Guerrero

Al pensar en los Cinco siempre imaginaba cómo transcurriría el día a día de cada uno de ellos en las prisiones donde permanecen confinados injustamente desde hace más de quince años. Pero no fue hasta hace pocos días que puede satisfacer esa curiosidad al leer en el sitio Web Rebelión el trabajo, Un día en la vida actual del prisionero Antonio Guerrero, del periodista Wilki Delgado Correa.

Es más bien una crónica hermosa que dibuja en detalles las emociones y vivencias del antiterrorista cubano Antonio Guerrero Rodríguez en la cotidianeidad de la Prisión Federal de Marianna, en la Florida, donde cumple una condena de 21 años más diez meses de prisión más cinco años de libertad supervisada.

Intentaré resumir esta historia para que, como yo, usted también la conozca. Antonio Guerrero, el prisionero marcado con el número 58741-004, despierta cerca de las cinco y treinta de la mañana, y sé que no puede ser de otro modo porque el régimen carcelario así se lo exige desde hace más de quince años.

Casi todos saben que Tony es un ingeniero civil y luchador clandestino devenido prisionero político. En los cabellos y el rostro, las huellas del tiempo, no obstante la esperanza destella en su mirada, porque además de la solidaridad internacional existe la coincidencia, de que “En distintos períodos por allí han pasado otros siete reclusos con su mismo nombre y ya han sido liberados. Así que sólo él espera que el tiempo pase y llegue el 18 de septiembre de 2017, un tiempo que parece demasiado alejado si no llega antes un indulto”.

Alrededor de las seis de la mañana lo primero que hace es revisar su correo electrónico, y tratar, en un tiempo muy limitado, de responder la correspondencia más urgente.

El desayuno transcurre entre las seis y treinta y seis y cuarenta y cinco, y después se va a trabajar como maestro, un oficio que practica con devoción desde que estaba en Florence y que en Marianna lo ocupa diariamente hasta las diez y media de la mañana.

Luego, otra vez a los dormitorios, el almuerzo y después aprovecha para revisar nuevamente el correo, responder a los amigos y leer artículos y materiales que recibe periódicamente también gracias a la voluntad de mucha gente buena del planeta.