Costos del Once de septiembre

El once de septiembre evoca las terribles imágenes de las Torres Gemelas de Nueva York desmoronándose a causa de un atentado terrorista. Desde entonces el miedo es retórica en lo que escribe, se dice, se vende, se comparte y se inventa en casi todas partes.

 

El mimo horror que opacó y dejó muda y solitaria las calles de la ciudad que nunca duerme se apoderó de los titulares en el Oriente del mundo. Los medios aleccionaron a la gente para creer más en la desconfianza que en el prójimo y justificar las balas y el asesinato en masa.

                    

Desde los hechos del once de septiembre la humanidad comenzó a cambiar estrepitosamente al compás del terror que exacerban la prensa, el cine y la televisión. Hoy no alcanzan las historias más terribles e inusitadas para aplacar esa especie de fanatismo que veo expandirse, peligrosamente, como la peor de las plagas.

 

La cruzada contra el terrorismo anunciada por Bush en aquellos momentos se esgrimió como bandera con un saldo de millones de muertos que alargan cada día la lista de las bajas militares y civiles, estas últimas denominadas también daños colaterales.

 

Es que, como dijo Eduardo Galeano, “…. la culpa de la cara no la tiene el espejo. Lamentablemente ocurrió esta tragedia de las Torres, pero no hay que perder de vista que es la primera vez que alguien le asesta a los Estados Unidos, lo que estos propinan habitualmente al resto del mundo”.

 

Cuando el Centro del Comercio Mundial fue arrasado por dos aviones sepultando a casi tres mil personas en Manhatan, comenzó a difuminarse desde la Casa Blanca un discurso que estampó una calavera al terrorismo y a los terroristas. ¡Y a qué precio se les identificó, señaló, atrapó y juzgó, desde entonces a los supuestos criminales!

 

Terrorismo y Oriente Medio fueron dos términos que el mundo mediático conjugó con efectividad. Entonces se generó un rechazo sin límites a casi todo lo que guardara relación con la cultura, la historia y la religión de las naciones ubicadas en ese punto del planeta.

 

Y así creció el cerco de fuego alrededor de Afganistán, Irak y otros países. De esa manera fueron masacrados millares de civiles anónimos cuyas vidas se detuvieron al estar en el momento y en el lugar equivocados. Así se perpetuó la persecución y la matanza en esta novela sin punto final a la vista.

 

El cine se encargó de realzar lo que los medios comenzaron a preconizar, porque la sangre se vende bien en el mercado de estos tiempos. La cara del patriotismo fue abofeteada en nombre de los inocentes muertos el once de septiembre y entonces los soldados del Norte y Occidente dejaron de distinguir en su real magnitud la justicia y la razón.

 

Hoy en la Zona Cero de Manhatan donde rozaban el cielo las Torres Gemelas se yergue un memorial que evoca a las víctimas de la tragedia del once de septiembre, y muy próximo al lugar se levantó hace pocos años la World Trade Center One, un majestuoso complejo de oficinas con un observatorio en lo alto. Pero hace solo algunas horas se dio a conocer el diseño de la Torre número dos, calificado como espectacular por los medios.

 

Así Nueva York retoma su lugar céntrico en el mundo financiero, y de una manera más veloz continúa generándose desde adentro hacia afuera en Estados Unidos el terror que infunden las armas y la violencia. Los propios norteamericanos pagan el precio de la cruzada de la democracia contra el terrorismo incitada hace catorce años. Desde la fecha hasta hoy se multiplicaron los conflictos bélicos en el Medio Oriente y con estos las migraciones devenidas hoy un problema humanitario en el mundo.

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