La familia en primer lugar

Hace menos de un año conversaba con un compañero de trabajo acerca de su casita recién terminada, algo que logró con obstinación y sacrificio, pero sobre todo con el apoyo de su familia. En aquellos momentos lo exhorte a pensar en los hijos, idea a la que se opuso rotundamente, porque según él quería disfrutar a sus anchas de la nueva casa con su esposa.

 

Ciertamente, construir una vivienda entraña en estos tiempos una cuota doble de trabajo. Mi compañero venció el reto y lo que le faltaba era crear el hogar, pero él no lo sabía. Al poco tiempo me confesó que su mujer estaba embarazada, algo que ninguno de los dos había planificado, pero ella estaba en riesgo de perder a la criatura.

 

No me lo dijo, pero sentí su miedo y supe que él hubiera cambiado su casa y todo cuanto poseía por la vida de ese conjunto de células que se multiplicaba en el vientre de la mujer amada.

 

Por fortuna, la amenaza quedó atrás y hoy él espera con ansiedad la llegada de su bebé. Es un varoncito repite, y no hace falta describir su felicidad que se agiganta en la misma medida que asimila esa lección que da la vida y que encerró en solo una frase el Papa Francisco en su paso por Santiago de Cuba: “Las familias no son un problema, son principalmente una oportunidad”.

 

Esas palabras del Sumo Pontífice de la Iglesia Católica dedicadas a las familias invitan a reflexionar desde adentro acerca del valor de la familia de donde provenimos y aquella que creamos. Sobra decir que no existe mayor fortuna que el matrimonio y los hijos, pero también es importante repensar en la valía de los padres y los abuelos que nos hicieron.

 

En actualidad las familias se destruyen casi a la misma velocidad que se fundan. Padres que dejan atrás a los hijos, hijos que se marchan cerca o lejos y borran la memoria de los padres, abuelos que son recluidos o encargados a una tercera persona completamente extraña.

 

Conocí hace unos días a una niña de Caraballo con retraso mental que se llama María Isabel y vive únicamente con su abuela. Mientras estuve cerca de ella en la escuela no paró de hablar un instante y me llenaron de tristeza sus palabras felices y su inocencia, escudos que la protegen de las ausencias y el olvido.

Pero por otra parte me conforta saber que hay personas como Francisco Rey Alfonso, una personalidad de las letras cubanas que vive en Jaruco junto a su anciana mamá. Fracis, como le conocemos está en una pausa creativa indeterminada porque se ha dedicado a cuidar a su mamá de más de noventa años de edad.

 

Hoy podría estar dictando conferencias magistrales o quizás ocupar un puesto prominente en alguna importante universidad de Cuba o de Estados Unidos, España, Brasil, pero es obvio que su decisión está tomada.

 

Tengo la certeza feliz de que como Francisco Rey Alfonso habitan el planeta muchas otras personas llenas de bondad y con la virtud de saber renunciar a sí mismos para cuidar de su familia, esa que como dijo el Papa Francisco: “…es la escuela de la humanidad, y sin ella, sin el calor de hogar, la vida se vuelve vacía, comienzan a faltar las redes que nos sostienen en la adversidad, las redes que nos alimentan en la cotidianidad y motivan la lucha para la prosperidad”

Videos


Artículos Relacionados

Variados