Romper el bloqueo, con todos y para el bien de todos

bloqueo-contra-cubaDesde 1992 en la Asamblea General de la ONU, Cuba somete a la aprobación mundial una resolución que apuesta por el fin del bloqueo económico comercial y financiero impuesto hace más de medio siglo por Estados Unidos a la Isla.

 

 

En la jornada de este martes, nuevamente el Bruno Rodríguez expuso los prejuicios de tal medida, y como se esperaba la victoria de nuestro país fue abrumadora.

El pasado año 188 países votaron a favor de Cuba. Ahora, la historia se repite: 188 naciones del orbe reconocen que el bloqueo es genocidio, fracaso político, crimen y sobre todo un método arcaico que enfatiza la prepotencia del Imperio

Pero, como siempre, Estados Unidos hace lo que quiere y la ONU lo que puede. Poco le importa al gobierno estadounidense que a escala mundial se haya condenado el bloqueo contra Cuba durante 22 años consecutivos, si ello en nada obstaculiza sus propósitos expansionistas, sus proyectos bélicos y financieros, su status de nación todo poderosa.

La política norteamericana lleva implícito dominar, expandir, violar, imponer, interferir, controlar, al costo que sea. Irak, Afganistán, Siria constituyen los ejemplos recientes más ilustrativos de esa batalla sangrienta que libra el Imperio para establecer su supremacía en el planeta.

En Cuba, son incontables las historias de gente inocente que padece por tratamientos o recursos que llegan tarde o no reciben jamás a causa de los obstáculos que imponen las Leyes Torricelli y Helms- Burton, engendros creados para afianzar aún más el bloqueo.

Son millonarias las pérdidas en todos los ámbitos de la vida económica del país, incontables son los puentes que ha roto el Gobierno estadounidense en aras de impedir el reencuentro familiar, el intercambio científico, cultural, religioso, deportivo entre los pueblos de Cuba y los Estados Unidos.

El bloqueo económico comercial y financiero existe y su huella está latente en las casas, las calles, las escuelas, las fábricas, los surcos, los hospitales de la Isla. Pero pienso que esa política no debe convertirse en pretexto para el desánimo o el pesimismo, al contrario, la victoria política de Cuba en la ONU debería ser un incentivo para crear, producir, transformar.

El bloqueo puede derrotarse. Esa posibilidad ahora está en las capacidades creadoras del pueblo cubano y sus dirigentes. Solo, si somos competentes para ahorrar, producir e implementar bien las nuevas políticas de cambio en el país podremos salvarnos del atraso, la precariedad, las miserias materiales y humanas ocasionadas por esa política imperial que ya dura demasiado.

Corresponde ahora, repensar los propósitos que tenemos como nación independiente y soberana, revisar cada acción y perfeccionar a cada minuto las decisiones, los proyectos, el trabajo.

En su devenir histórico, el pueblo cubano ha mostrado ingenio, valor y heroísmo para llevar adelante empresas monumentales como la Revolución de 1959.

Durante más de cincuenta años en la Isla la solidaridad devino premisa esencial en las relaciones con los pueblos del mundo. De ahí que, sin importar razas, idiomas y credos los amigos de Cuba se multipliquen como los panes y los peces.

Hoy, quien está solo atrapado en su propia telaraña es el Imperio. El futuro próspero y luminoso al que aspira la mayor de las Antillas es realizable con todos y para el bien de todos como invita desde su tiempo José Martí.

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