Premier 12: Cuba, la maldita culpa sí la tiene alguien

Del quinto al octavo era mi pronóstico para Cuba en el Premier 12, y Corea se encargó de mandarnos allí, a un sexto lugar, que no es para nada el sitio que tenemos en materia de béisbol ahora mismo, para mi es un número aún mayor.

 

Los peloteros se entregaron, hicieron lo que pudieron y hasta más, salvo Yuliesky Gourriel y Alfredo Despaigne, dos de nuestros hombres grandes que otra vez le quedan pequeños los eventos internacionales, sobre todo al Yuly. Ahora bien a los jugadores nada que reprocharles, de ellos no es la culpa.

 

Crecí con la ilusión del béisbol en la sangre, la pelota es nuestro deporte nacional y nuestra historia, esa diosa con costuras que se deja golpear de ves en cuando por un madero asesino, nos hacía sentir orgullosos, pero la imagen que vamos dando al mundo en materia beisbolera desde hace más de una década es paupérrima no por el lugar final sino por la forma de jugar a la pelota, como si fuéramos principiantes.

 

En el Premier nos tragó Canadá, le ganamos un juego al director de Holanda que nos subestimó dejando a su explotado lanzador abridor, sufrimos las de Caín para vencer a Puerto Rico, Taipei de China se burló de nuestro juego infantil y de las decisiones de Víctor, (habrá que buscar en la historia del béisbol cuántas veces se le da base intencional al segundo bate para lanzarle al tercero, si 1 vez te salió bien, por favor no tientes al destino otra vez, nunca olvidaré la cara del taipeiano riendo en el círculo de espera) e Italia sin su mejor selección por poco nos deja fuera de la clasificatoria; para en cuartos de final Corea del Sur, demostrarnos que se nos puede pasar por encima.

 

Quiero mencionar eso sí, que jugadores como Alexander Malleta, Stayler Hernández, Miguel la Era, Yosvani Alaracón, Livan Moinelo, José Angel García y Yuniesky Gurriel (este le dio una galleta sin manos a mucha gente, incluido este comentarista) evitaron un papelón mayor a nuestro equipo.   


Ahora bien, basé de forma general mi pronóstico sobre Cuba del quinto al octavo lugar porque sabía que salvo milagro no ganaría el cruce de cuartos ante un rival asiático y la tenía muy difícil de ir frente a Estados Unidos, y además porque en esa etapa el nivel se elevaría hasta ser inalcanzable para los nuestros, la ciruela no da melones, y eso somos hoy ciruelas que juegan contra melones.

 

Pero la culpa, la maldita culpa, con el perdón de los músicos de Buena fe, sí la tiene alguien, en este caso los dirigentes de la pelota en Cuba. Esto lo vengo diciendo desde hace mucho rato, más allá de cualquier pelotero que le falte a un equipo Cuba, o del director. (Víctor Mesa no me gusta para ese puesto, sus formas siguen dando una imagen horrible de nosotros, si observaron bien con el transcurso de los partidos las cámaras de TV, no dejaban de seguirlo por sus numeritos en el banco y su griterías, siendo la forma de sustituir a Julio Pablo ante Holanda, y las groserías a Santoya las más evidentes)

 

¿Desde cuando se juega pelota en Cuba? ¿Cuántos años llevamos de tradición y de tener buenos peloteros en todas las épocas, antes y después de 1959? ¿Cuántos cubanos han brillado y brillan en Grandes Ligas? (y sí solo 13 ostentan anillos de Serie Mundial, estoy seguro que ese numero habría aumentado si en otras épocas más cubanos hubieran jugado a ese nivel) y así vamos a los torneos internacionales a hacer lo que desde pequeños nos dicen que no se hace, robamos bases cuando no se puede y con los hombres menos indicados, coach que no dan bien la señas, corridos de base de escolares, jugadores que tiran a primera cuando ya se acabó la entrada, el director maltratando públicamente a sus jugadores, en fin una imagen que hecha por tierra la larga y rica historia de este deporte en este país, y se une a la extensa lista ya, de decepciones que acumula en pueblo cubano en materia beisbolera. Siempre he dicho que no es perder lo que incomoda y abochorna, es la forma en que perdemos.

 

Sabemos que ganar el Premier 12, que no es ni de cerca el Clásico Mundial, era una utopía más grande que la de Tomás Moro, y llegar a semifinales estaba fuera de todo pronóstico razonable, pero un béisbol como el nuestro, ¿hasta cuándo va a dar esta imagen internacionalmente? Esa pregunta deben hacérsela aquellos incluso que están por encima de la Comisión Nacional y su cúpula dirigente.

 

La estructura general de la pelota en Cuba hay que cambiarla, desde lo más pequeño hasta lo más grande, y aunque reducir equipos es una urgencia de cara a mejorar nuestros torneos domésticos, no es la solución inmediata. Considero que es hora de sentarse a conversar, de dialogar en una mesa donde estén La Comisión y Federación Nacional, los representantes de la pelota cubana y los peloteros cubanos que juegan por el mundo, sin rencores y resentimientos para así buscar llevar a grandes torneos los mejores peloteros posibles, al final casi la totalidad de ellos se formaron en Cuba.

 

Pero esa no es la única solución, hay buscar inyectarle más presupuesto al béisbol y con las contrataciones en el exterior (que tienen que crecer) ir autofinanciándose mejor, eso más el presupuesto asignado volcado totalmente en el desarrollo de la pelota donde existan academias para cada equipo y muchísimos partidos, con mejores condiciones salariales y atenciones para entrenadores, técnicos, y atletas es lo que dará a largo plazo un mayor nivel en nuestro deporte nacional.

 

Pero para lograr eso faltan años y por ahora el horizonte nos habla del Clásico Mundial de 2017, el Premier 12 en 2019 y el más que posible regreso de la pelota a unos Juegos Olímpicos en Tokio 2020, y si de aquí a esos compromisos no se ha solucionado primero los problemas a corto plazo, es decir sin el diálogo… los resultados serán mas menos los mismos o peor, pues de aquí a allá las ausencias podrían ser aún mayores, y de seguir dando esta imagen en esos eventos no se a donde iría a parar el amor por la pelota cubana.

 

Hay mucho que hacer por la pelota cubana, cuya historia y significación nacional tiene que estar por encima de todo, pero para eso hay que sacar el orgullo, venga de donde venga, a pasear y contar con aquellos peloteros que de verdad amen la camiseta de la selección y al aficionado cubano, incondicional siempre.

 

No podemos bajo ningún concepto preferir seguir dando en los grandes eventos internacionales la imagen que damos ya desde hace mucho tiempo, estamos tirando el prestigio ganado con el sudor de muchos durante más de un siglo por el suelo, cuando sabemos que podemos emprender acciones que pueden, al menos a corto plazo, cambiar la cara de la pelota cubana en los grandes compromisos.

 

Escuché a muchos colegas decir que lo sucedido en el Premier fue la crónica de una muerte anunciada, es cierto, pero es la crónica de la muerte en los grandes eventos que están por llegar, y poco a poco la decepción crece y eso es un crimen, un pueblo amante fiel de nuestra pelota no merece eso. La pelota es para el cubano como el fútbol para el brasileño, somos sedientos en el desierto y mejorar nuestra imagen es el agua que exigimos ahora mismo. Claro está que las formas que rigen no son las mejores, y la confianza y credibilidad y hasta la pasión de los aficionados comienza a agotarse…

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