Cinco Palmas, primera gran victoria de la Revolución naciente

Tras los sucesos del 30 de noviembre en Santiago de Cuba, todo el ejército de Batista estaba en alerta máxima. El desembarco del Granma se había producido el 2 de diciembre por Las Coloradas y el 5, los 82 expedicionarios fueron sorprendidos mortalmente en Alegría de Pío donde casi en su totalidad fueron masacrados por el armado ejército opresor.

 

Algunos lograron escapar, fueron días terribles, de correr casi sin saber a donde, de no tener comida, ni prácticamente armas, y sin saber nada de los otros compañeros, sin saber quien vivía y quien no, y así pasando por tantas vicisitudes se llegó a la fecha del 18 de diciembre, y ahí entró el nombre de Cinco Palmas para siempre en la historia de Cuba.

 

Muchos ayudaron al reencuentro, la labor inolvidable de Celia Sánchez, y de los campesinos Crescencio, Mongo e Ignacio Pérez, Guillermo García, Hermes Cardero, Primitivo Pérez y Laurel Pérez, entre otros, que hicieron posible que se reagruparan los jóvenes revolucionarios.

 

De lo vivido por Fidel, Universo Sánchez y Faustino Pérez, a lo que vivió el grupo de Raúl, donde estaban Ciro Redondo, René Rodríguez, Efigenio Ameijeiras y Armando Rodríguez; y luego el grupo de Juan Almeida que llegó el 21 de diciembre a Cinco Palmas, y  trajo al Che, Ramiro Valdés, Reynaldo Benítez, Camilo Cienfuegos y Rafael Chao, habían varias cosas en común, hambre, sed, desorientación, bombardeo sin cesar de la aviación batistiana, y fe en seguir adelante con la lucha.

 

Cuando el 18 de diciembre en la mañana un muchachito, Primitivo Pérez, que trabajaba en la Finca El Salvador y fuera práctico de los rebeldes más tarde, se acerca a Fidel y le trae una cartera de piel a Fidel, se la habían entregado en casa de Mongo Pérez y dentro tenía una licencia de conducción mexicana a nombre de Raúl Castro, la emoción de Fidel fue grande y casi lo primero que dijo fue: “¿anda armado?”


Tras la confirmación de que era Raúl, se preparó el reencuentro para esa noche del 18 de diciembre de 1956, cerca de la medianoche se sienten hombres que se acercan y los dos hermanos se funden en un emocionado abrazo, entonces se produce un histórico diálogo: ¿Cuántos fusiles traes? —pregunta Fidel a Raúl. —Cinco, recibe por respuesta, a lo que Fidel agrega con emoción: ¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!


Y así fue, en Cinco Palmas se obtuvo la primera gran victoria del naciente ejército Rebelde, y se probó la convicción y la fe en la victoria, y la confianza en el pueblo. De Cinco Palmas a la Sierra y de la Sierra a la Libertad, siempre le escuche decir a mis maestros, y hoy a 59 años de aquel histórico reencuentro Cuba se mantiene libre, y avanza firme manteniendo sus conquistas sociales, y con la misma confianza en el pueblo que aquel día glorioso sentían Fidel y Raúl.

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