Fidel Castro, su recorrido hacia La Habana

Luego del decisivo triunfo revolucionario los victoriosos combatientes de la Sierra Maestra al mando de Fidel Castro inician en la madrugada del 2 de enero de 1959 una ruta de más de mil kilómetros desde Santiago de Cuba hacia La Habana.

 

El paso de la Caravana de la Libertad por ciudades, pueblos y carreteras fue todo un suceso para los habitantes de la Isla y más aún cuando veían aquel barbudo capaz de distinguirse entre todos por sus ideas progresistas y emancipadoras. Todo el pueblo quería ver a Fidel y a los rebeldes que habían hecho posible el sueño de la libertad, pero los gritos de ¡Fidel! ¡Fidel! ¡Fidel!, removían el suelo de cada terruño que recibía la caravana.   
   
A su paso, el Comandante en Jefe Fidel aprovechaba la ocasión para decir a los cubanos que se había conquistado el derecho a comenzar y les manifestaba los sueños de la Revolución en el futuro para mejorar las disímiles situaciones que afrontaba el pueblo para llevar el bienestar y la felicidad a la nueva Cuba.

 

En su trayecto hacia La Habana pasan por el Cotorro y Fidel se abraza con su hijo Fidelito, ya en la Virgen del Camino se suma a la caravana Camilo Cienfuegos y siguen por el Castillo de Atarés, los elevados del ferrocarril y la planta eléctrica de Tallapiedra.

 

Antes de dirigirse a Columbia, la caravana se detuvo en el edificio de la Marina de Guerra, luego de saludar a la oficialidad, Fidel se dirige hacia el muelle para subir nuevamente al histórico yate Granma, 767 días después de su desembarco en Las Coloradas.

 

La Caravana  continuó por el Malecón, suben por la calle 23 hasta llegar al campamento militar. Ocupando el bastión militar sin disparar un tiro y al llegar a la tribuna, saludó al presidente Urrutia Lleó y a los miembros de su gabinete, así como al cuerpo diplomático presente.

 

En la tribuna de Columbia, mientras Fidel hablaba al pueblo, tres palomas blancas revolotearon a su alrededor,  dos se posaron en el pasamanos de la glorieta y la otra sobre el hombro de Fidel. Los que vivieron ese momento aún lo recuerdan, al igual que la frase  “ ¿Voy bien, Camilo?”

 

La honestidad y el compromiso con el pueblo marcan las palabras de Fidel en Columbia “…este es un momento decisivo de nuestra historia. La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil, quizás en lo adelante todo será más difícil. Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario, engañar al pueblo despertándole engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias y estimo que hay que alertarlo contra el exceso de optimismo”.

 

El jueves 8 de enero de mil 959 la capital de todos los cubanos se estremecía con la llegada de Fidel y gran parte de su Ejército Rebelde. El pueblo de La Habana daba una hermosa y calurosa bienvenida a Fidel Castro y los barbudos de la Sierra Maestra quienes supieron derrocar al tirano y dar a Cuba su libertad.

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