Major Lazer en el paraíso de la electrónica

Categoría: Nacionales
Publicado el Lunes, 07 Marzo 2016 09:51
Escrito por Tomado de Granma
Visitas: 277

Cuando sonó Lean On, el megahit viral  de Major Lazer,  la Tribuna era una imagen al calco de esas enormes raves (fiestas al aire libre) que se organizan en los grandes escenarios del mundo o en las playas que no duermen celebrando el advenimiento de la era de la electrónica. Eran casi las 7: 00 p.m.  y  la alineación ya había despachado un concierto repleto de energía que confirmó que en Cuba, como en otras partes del mundo, la revolución de la electrónica tiene en­tre sus filas a miles de fieles que se entregan a la música como si sus cuerpos estuvieran  go­bernados por el imperio de las má­quinas.

 

Cuando Major Lazer subió a la tribuna antimperialista habían desfilado por los es­cenarios los dj y productores cubanos, Reitt, Iván Lejardi, el dúo I.A, formado por Ilian Suárez y Alexis de la O, Adroid, y el grupo Osain del Monte. La alineación salió dispuesta a ponerle banda sonora a los deseos de los miles de jóvenes que habían bailado sus hits en las discotecas o en los clubes nocturnos.

 

Diplo pisó la tribuna batiendo con actitud una bandera cubana, se colocó luego de­trás de las máquinas y enseñó la chapa que lo acredita co­mo una es­trella global de la electrónica. Es decir, comenzó a pinchar su música de masas y el público empezó a mo­ver­se como si estuviera movido por  una fuerza sobrenatural.

La receta fue sencilla: disparar sus apabullantes rit­mos desde el inicio y darle a los miles de fieles lo que ha­bían ido a buscar: sonidos que hacen bailar  hasta a una estatua y provocan un estadio de agitación que, en la electrónica, solo se alcanza cuando el Dj es un maestro en eso de administrar poco a poco pequeñas dosis de adrenalina, que, al final, provocan que los cuerpos, bai­lando, sean otro espectáculo dentro del propio espectáculo.

 

Diplo patentó su reinado desde que se colocó detrás de las máquinas se­cundado por Walshy Fire, de origen ja­maicano pero nacido en Estados Uni­dos, y Jillio­naire, de Tri­nidad y To­bago. El Dj y productor estadounidense, de 37 años, incitaba a las masas mientras des­de la mesa se escapaba una fórmula que aplastaba cualquier intención de quedarse en calma, so­bre todo cuan­do daba paso a la furia del moombahton y el trap.

 

La celebración de la música electrónica estuvo marcada por las búsquedas que ha llevado este Dj y productor desde que armó Major Lazer. Diplo atacó al público con esos sonidos que ha cocinado en sus viajes a Jamaica, Brasil, África o la India y los devolvió con esa distinguible base rítmica orientada especialmente  hacia las pistas de baile y los clubes.

 

Si bien escapa a la lógica que el concierto se realizara  a las tres de la tarde —se sa­be que las noches son el espacio natural para este género porque los dj se  apoyan especialmente en el impacto de los juegos de lu­ces— Major Lazer recorrió sin dificultad  una colección de temas de sus tres discos Guns Don't Kill People... Lazers Do, Peace is the Mission y Free the Universe, atravesados por un mestizaje  sonoro que, sin renunciar a ubicarse en el mainstream de la electrónica, viene de una detallada indagación  en los elementos de diferentes culturas del planeta.

 

Diplo hace lo mismo como Dj que como líder de masas. Da carreras de   un lado a otro del escenario, baja hacia el público y vuelve a instalarse detrás de las máquinas para colocarse el traje de Dj, que comparte con Jillionaire, otro Dj que sabe muy bien lo que se trae entre manos a la hora de ponerle las pilas a los seguidores del electro. Todo eso mientras tres  bailarinas se mueven frente al escenario como si estuvieran en la oscuridad de los  salones de Ibiza. El Dj dispara desde el cielo —el cielo, en este caso, es la mesa desde la que ejerce como dios ante sus miles de enfebrecidos fieles— y ellas captan con sus cuerpos y con sacudidas furibundas el lenguaje de Major Lazer. Un lenguaje que tiene como trasfondo la búsqueda de la libertad, al menos la libertad que, según ha contado Diplo, persigue con ese eclecticismo  sonoro que lleva en sus espaldas la alineación.

 

Esto ocurre mientras  los jóvenes llevan  las manos al cielo, bailan como si el mundo se les abriera bajo los pies y reclaman los hits más populares de Major Lazer. Y cuando Diplo  pinchó Bumaye y Light It Up y Lean On, se disparó al límite la adrenalina y el público coreaba a voz en cuello el nombre de este ícono global de la mú­sica dance que hizo sus primeros experimentos en el underground has­­ta subirse a las listas.

La alineación se empeñó en entregar su mejor versión de sí mis­ma mientras Diplo agradecía el  sudor y la agitación luciendo una camiseta  de­portiva con el nombre de Cuba y asegurando que este país  era el mejor es­cenario donde había tocado Major Lazer.

 

Viéndolo bien, les será difícil igualar la entrega de esta multitud que compartió sudor, agitación y éxtasis y  que se­guramente recordará el día en que la Tribuna Antimperialista se convirtió, por dos horas en el paraíso de la electrónica.