¡Yo conocí a Fidel!

El pasado martes tuve el privilegio de realizar una serie de entrevistas, que en lo personal marcó pautas en mis inicios en la labor reporteril. Resulta que fui invitado por el Comité Municipal del Partido, en Jaruco, a dialogar con un grupo de compañeros que tuvieron el privilegio de conocer personalmente al Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.


El trayecto hacia el Consejo Popular de Tumba Cuatro se hacía cada vez más largo, porque ansiaba conocer a esas personas que guardan como un tesoro el momento en que conversaron, caminaron y hasta tomaron café con Fidel.


Llegué al poblado de San Miguel de Casanovias sobre las 11 y media de la mañana y fui a la casa de Ana Hernández, una mujer que sobrepasa los 70 años de edad. Cuando llegué le dije a Ana mi intención de entrevistarla porque yo sabía por referencias que ella habló con el Comandante en el lejano año mil 961. Muy emocionada accedió a contarme su experiencia, entonces reveló que en visita de Fidel al hoy poblado de San Miguel, el Comandante decidió levantar allí el caserío donde ella vive. Me contó que Fidel le preguntó dónde ella quería vivir, en Jaruco o en San Miguel, y sin vacilar le respondió: aquí, en San Miguel.


Luego de despedirme de Ana Hernández continué mi recorrido para encontrarme con otros testimoniantes. Entre ellos hallé a un hombre de 94 años que habló con Fidel y no olvida nunca ese momento. Y es que a decir verdad todos los que entrevisté en la mañana del martes 29 de marzo de 2016 peinaban canas, pero pareciera que el tiempo se detuvo. Recordaban las incursiones del líder por San Antonio de Río Blanco cuando era miembro de la Juventud Ortodoxa, y una pareja de ancianos el día que tomaron café con Fidel en su modesta casita ubicada en una de las elevaciones más altas del poblado de San Miguel.  


Fue tan emocionante escuchar frases como ¡yo conocí a Fidel!, ¡yo ayudé a Fidel! Y no puedo negarlo, este reportero y las seis personas que tuve el privilegio de entrevistar veíamos al Fidel de los años 50 y principios de los 60 del pasado siglo cuando en varias ocasiones recorrió lugares y centros de trabajo en  tierra jaruqueña.


Algunos tenían fotos, recortes, y otros solo el recuerdo imborrable de haber conocido a Fidel, como el que guarda Agustín Medina García, un hombre a quien le dije el propósito de mi vista cuando llegué a su casa al filo de las 6 y media de la tarde. En el acto me dijo: a esta misma hora que usted llegó a mi casa, pero del día 23 de abril de mil 967, lo hizo Fidel.


Con Agustín hablé casi una hora. Ya se hacía de noche, y poco antes de irme me confesó que mantenía en su finca la compuerta de una represa mandada a construir por Fidel. Enseguida fuimos a verla. Lo primero que vimos fue el muro de contención de más de tres metros de largo, y en uno de los tramos Agustín exclamó: ¡Aquí se sentó Fidel! No pude contenerme y le pedí permiso para sentarme en el muro sagrado para Agustín, justo en el mismo espacio donde se sentara el Comandante hace cuarenta y nueve años.


Lo cierto es que poco se conoce sobre la historia de estos hombres y mujeres que compartieron proyectos y sueños con el Comandante en Jefe en su paso por la geografía jaruqueña y en los inicios de la revolución.


Cuando terminaba una entrevista este reportero les hacía a todos la misma pregunta: ¿Le gustaría volver a ver a Fidel?, y respondían, como si se hubieran puesto de acuerdo: “¡Fidel es Cuba, Fidel es la Revolución, Fidel es nuestro líder, daría todo por volver a verlo, pero no importa siempre estará en mi corazón!”.

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