Un Partido por las masas y para las masas (II)

Fidel fue el propulsor y forjador indiscutible de la unidad de las fuerzas revolucionarias. Desde los días de la guerra de liberación, el máximo líder de la Revolución propició contactos, alcanzó compromisos y acuerdos con las organizaciones que participaban en la lucha. Después del triunfo del primero de enero de 1959, el Comandante en Jefe promovió encuentros con los principales dirigentes de esas fuerzas, incluso en condiciones de la más absoluta discreción, y poco a poco se hicieron más sistemáticas y definitorias esas reuniones en aras de alcanzar el crisol de la unidad.

 

A solo dos meses de la histórica victoria de Playa Girón, el 24 de junio de 1961, tuvo lugar un importante pleno del Comité Cen­tral del entonces Partido Socialista Po­pular, al que asistieron los máximos dirigentes del Movimiento 26 de Julio y del Directorio Re­volucionario 13 de Marzo. En aquella reu­nión se decidió, unánimemente, unir esas tres fuerzas para cumplir las impostergables tareas del periodo de transición y la construcción del socialismo.

 

En ese memorable encuentro se reconoció a Fidel como el principal dirigente de la nación. Con la resolución aprobada, el Par­tido Socialista Popular se disolvió y seguidamente, de forma similar, procedieron el Mo­vimiento 26 de Julio y el Directorio Revo­lu­cionario 13 de Marzo. Esas decisiones dieron paso inmediato al surgimiento de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), paso previo para la formación de un Partido único.

 

Se iniciaba a partir de este hecho un proceso intenso con la creación de las estructuras territoriales y de base. Así, el 8 de marzo de 1962 se constituyó su Dirección Na­cio­nal, que el 22 de ese mismo mes acordó de­signar como Primer y Segundo Se­cre­tarios a Fidel y Raúl, respectivamente; se creó el Secretariado, la Comisión de Organización, y el compañero Blas Roca fue designado director del periódico Hoy.

 

El nacimiento de una sola organización política con una dirección única significó un fortalecimiento extraordinario para la Revolución. Días antes, el 13 de marzo, Fi­del había alertado y señalado públicamente acerca de ciertas actitudes sectarias que se manifestaban y concretaban, entre otros hechos, en la desconfianza a quienes no habían pertenecido al PSP y se discriminaba su ingreso a la nueva estructura. A tiempo se puso fin al sectarismo en el proceso de constitución y el funcionamiento de la naciente organización.

 

En virtud de estas críticas se desarrolló un trabajo ininterrumpido en los núcleos de las ORI y de formación de nuevas organizaciones de base, bajo la más estricta línea de consultar a las masas sus integrantes.

 

Fidel realizó un aporte extraordinario a la teoría y práctica de la construcción del Partido: fue el artífice de su constitución, fundamentado en la aplicación creadora de las ideas de Martí y Lenin en las condiciones específicas de la Revolución cubana y que tuvieron su expresión práctica en las normas y los procedimientos, los métodos de dirección, los principios, la disciplina, la consulta a las masas, la democracia interna y la dirección colectiva.

 

Bajo estos conceptos se ha forjado una vanguardia política con una selección rigurosa de sus militantes y estrechamente vinculada a las masas, lo que le ha ganado prestigio y autoridad, condiciones vitales para su eficaz desempeño político.

Acerca de esa concepción, en abril de 1962, el Comandante en Jefe expresó: “La Revolución se hace por las masas y para las masas. Esa es la razón de existir del Partido, y todo su prestigio y toda su autoridad estará en relación con la vinculación real que tenga con las masas”.

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