Aquellos primeros días de abril (segunda parte y final)

ACCIONES CONTRA LA TRANQUILIDAD CIUDADANA

Un nuevo ataque contra el pueblo cubano fue perpetrado por elementos terroristas quienes —a las diez de la mañana del 7 de abril de 1961—, hicieron estallar una bomba de gran poder destructivo en un registro de la conductora central de la Cuenca Sur de La Habana. Gracias a la movilización pronta de los trabajadores del sector, se redujo la afectación por falta de agua en la ciudad y sus repartos.

 

Esa noche, en el teatro de la CTC, el Comandante en Jefe asistió al acto convocado para iniciar los preparativos al desfile del Primero de Mayo. En sus palabras se refirió a la amenaza de invasión que se cernía sobre Cuba, a las múltiples acciones terroristas dirigidas contra la tranquilidad ciudadana y a la necesidad de que los hombres y mujeres estén armados y entrenados para defender la Revolución. Al abordar las consecuencias del bloqueo, Fidel dijo:

“… la agresión y el bloqueo están imponiendo escasez de algunos artículos que el pueblo necesita también. Pero el pueblo sabe que eso es consecuencia de la agresión yanqui […] El imperialismo creía que bloqueando el envío, la importación de materias primas y de piezas de repuestos, iba a vencer a nuestro país […] imaginan que con unos cuantos millares de mercenarios, a los que tienen encerrados desde hace una serie de meses, pueden enfrentarse a los obreros y a los campesinos armados. Ellos, naturalmente, desprecian al obrero y desprecian al campesino; ellos se imaginan que no podrían resistir a sus bandas de mercenarios entrenados por el Pentágono, y hasta que no lo vean hechos polvo, quizás no se convenzan de ello.[1]

 

En horas de la madrugada del sábado 8 de abril, Oscar Carreño Gómez —miliciano y dirigente sindical de plantas eléctricas— y su madre, Felicia Gómez Mondéjar, resultaron heridos al hacer explosión una potente bomba colocada junto a la puerta de su residencia, radicada en calle Amézaga, número 289, entre 19 de Mayo y Aranguren.

 

De igual manera, esa madrugada hicieron explosión otras dos bombas, una en la puerta de la casa marcada con el número 6 de la calle Cerrada del Paseo, esquina a Zanja y otra en Marqués González 410, entre Zanja y Salud. Resultaron heridos Wilfredo Morales Martínez, Adelfa Noa Beltrán y Paulina Carrillo Herrera.

Asimismo, ese día se conoció que el tribunal revo­lu­cionario de La Cabaña sancionó a Félix Hernández Martínez y Oscar Cruz Sosa, acusados de haber colocado una bomba en un poste del tendido eléctrico en las cercanías de San José de las Lajas.

 

NOSOTROS NO LE DECIMOS AL PUEBLO: ¡CREE! LE DECIMOS: ¡LEE!

El ciclo de charlas sobre Educación y Revolución de la Universidad Popular, fue clausurado por Fidel el 9 de abril de 1961. Solo faltaban seis días para el artero ataque contra los aeropuertos cubanos.

 

En la comparecencia televisiva, el líder revolucionario dejó muy bien definido que no se podía concebir una revolución sin educación. El Comandante en Jefe comenzó diciendo que sobre la Revolución y la Educación, hay mucho que hablar; la cuestión es decidir por dónde comenzar. Fijó la posición del Gobierno y el pueblo de Cuba ante la situación que enfrentaba el país por la agresividad y el odio del imperialismo norteamericano y exclamó: “Vamos a hacer trizas a todos los que asomen la cabeza, de adentro o afuera”.

 

Más adelante enfatizó que esta lucha era “de vida o muerte y no puede acabar sino con la victoria del pueblo”.

En su inolvidable intervención, Fidel explicó el papel que le correspondía a los libros en la política educacional cubana, pues ahora el pueblo tiene acceso a algo a lo que antes no tenía acceso: a los libros. Y a continuación expresó que “nosotros no le decimos al pueblo: ¡cree! Le decimos: ¡lee! […] la Revolución le dice al pueblo: aprende a leer y a escribir, estudia, infórmate, medita, observa, piensa. ¿Por qué? Porque ese es el camino de la verdad: hacer que el pueblo razone, que el pueblo analice”.[2]

 

Casi al concluir, aclaró que ante cualquier tipo de agresión, “el mérito de nosotros no está ni estaría en rechazar cualquier ataque contrarrevolucionario, sino en realizar al mismo tiempo la campaña de alfabetización”.[3]

 

AUMENTAN ACTIVIDADES CONTRARREVOLUCIONARIAS

La edición del periódico Revolución del 10 de abril informó la captura de una banda de 22 alzados en las lomas de la finca El Rubí, Pinar del Río. Los contrarrevolucionarios fueron puestos a disposición de los tribunales revolucionarios, para ser juzgados por delitos contra los poderes del Estado. Entre los detenidos figuraban tres acusados de la autoría del sabotaje realizado unas semanas atrás en la tienda La Época de la capital cubana.

El 12 de abril se informó que 11 personas fueron detenidas por actividades contrarrevolucionarias. Uno de ellos, José Ramón Rodríguez Borges, fue sorprendido en la esquina de Galiano y Trocadero, cuando transportaba dos bombas explosivas; seis de los restantes formaban una banda dedicada a la quema de caña en Melena del Sur; y los demás tripulaban un auto donde llevaban proclamas contrarrevolucionarias y armas.

 

Cerca de las siete de la noche del 13 de abril, la tienda El Encanto fue objeto de un nuevo sabotaje. Como consecuencia del hecho criminal, fue destruido por completo este gran centro comercial habanero. Más de 12 personas, entre ellas miembros del cuerpo de bomberos de La Habana y empleados resultaron lesionados y se lamentó la muerte de la compañera Fe del Valle.

 

En la madrugada del 14 de abril, elementos criminales al servicio del imperialismo yanqui colocaron una bomba junto a la puerta principal de la residencia situada en Chacón número 165, esquina a Compostela, que al hacer explosión ocasionó lesiones graves a Carlos Soler Suárez.

 

Otro lamentable hecho tuvo lugar en la cooperativa Esteban López Ayné del central Venezuela, donde lacayos del imperialismo incendiaron los cañaverales causando la muerte a cuatro trabajadores agrícolas —Eduardo Horta, José Marí, Rogelio Pernas y Santiago González— cuando intentaban sofocar las llamas.

 

Ese día, también fueron sancionados cinco contrarrevolucionarios a quienes se les ocuparon cócteles Molotov y otros pertrechos que intentaban utilizar en un movimiento armado contra el gobierno en Isla de Pinos. Y algo mucho más serio fue la detención de 15 personas, entre ellos Howard Frédérick Anderson, un norteamericano delegado de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana en Cuba. La mayoría de los detenidos eran exmilitares del ejército de la tiranía que preparaban levantamientos armados en distintos lugares del país, para lo cual habían recibido un gran cargamento de armas automáticas, enviadas por la citada agencia.

 

Mientras tanto, en Washington, el comandante José Mo­león —delegado del Gobierno Revolucionario de Cuba ante la Junta Interamericana de Defensa—, en un acto de franca provocación, fue interceptado y obligado a permanecer varias horas en una estación policiaca, sin tener en cuenta su inmunidad diplomática.

 

LOS PRINCIPALES JEFES SE UBICARON EN PUNTOS ESTRATÉGICOS

Como la invasión podía producirse en cualquier lugar de la geografía cubana, la dirección de la Revolución, con tiempo, había ubicado a sus principales dirigentes en puntos estratégicos. Esa distribución era la siguiente:


• El comandante Raúl Castro, al frente de las provincias orientales
• El comandante Ernesto Che Guevara, al frente de la región occidental.

• El comandante Juan Almeida, a cargo del Ejército del Centro.

• El comandante Guillermo García, en el cuerpo táctico de Managua.

• El comandante Ramiro Valdés al frente de la Inteligencia y de la Contrain­teli­gencia.

• El Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, se encontraba al frente del Estado Mayor General (Punto Uno) ubicado en Nuevo Vedado.

 

¡ESTA ES LA AGRESIÓN…!

En la madrugada del día 15 de abril de 1961, las evidencias indicaban que de un momento a otro se iba a producir el ataque. Todas las fuerzas estaban en guardia. Procedente de Oriente, había llegado la información de que un grupo numeroso de barcos estaba situado en las proximidades de Baracoa, muy cerca de Duaba. El batallón situado en Baracoa, estaba esperando que el enemigo desembarcara. Se envió un avión de propulsión a chorro esa noche, para reconocer la zona. El piloto de la nave, el capitán Orestes Acosta, al regresar al aeropuerto, tal vez por algún desperfecto o por una acción enemiga, no pudo aterrizar en la pista.

 

A las seis de la mañana, en el Punto Uno estaba Fidel y un grupo de oficiales del Estado Mayor esperando noticias cuando pasó volando un B-26 bastante cerca, y a los pocos minutos, sintieron el estampido de las bombas y el fuego de las antiaéreas. “Nos asomamos —rememoró Fidel—, y vimos que efectivamente, se trataba de un ataque ya con bombas, de carácter militar, sobre Ciudad Libertad, en la parte donde están la Escuela de Artillería y las pistas de aviación. […] Entonces, ante un ataque tan descarado como ese y tan abierto, que antes no se había producido, nosotros sacamos la conclusión de que, efectivamente, era un síntoma inequívoco de que estábamos ante la agresión. Nosotros dijimos: ¡Esta es la agresión!”.[4]

 

Autor: Eugenio Suárez Pérez | Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Autor: Acela Caner Román | Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

[1] Fidel Castro Ruz: Periódico Revolución, 8 de abril de 1961, p. 10.

[2] Fidel Castro Ruz: Obra Revolucionaria. Imprenta Nacional, 22 de mayo de 1961, pp. 23-24.
[3] Ibídem.

[4] Fidel Castro. Comparecencia del 23 de abril de 1961. Obra Revolucionaria, No. 15. Ed. Impr. Nacional de Cuba. La Habana, 1961, pp. 29-30.