Girón en la memoria (II)

Relatado por el combatiente Erasmo Puerta Rivero
Una parte de la historia se revela en su rodilla derecha, la otra, fluye desde los ojos y su conversación. Se llama Erasmo Puerta Ribero y cuando tenía veinte años formaba parte de los cientos de jóvenes que desde los inicios de 1961 se entrenaban en el conocimiento de la batería antiaérea sin sospechar que en breve tiempo pasarían de alumnos a soldados.


VEMOS LOS PRIMEROS AVIONES MERCENARIOS Y COMENZAMOS A DISPARARLE
“Desde el mes de marzo empezamos en la base Granma, lo que es la parte teórica de la batería antiaérea y en los primeros días de abril nos dividen en dos grupos. A uno le dan pase y el otro se queda. Salí el día 8 de abril a mi casa y regresé al día siguiente. Entonces comenzamos la parte práctica, es decir lo que era el tiro aéreo, el tiro naval y el tiro terrestre”.


“El día quince nos llega la noticia de los ataques a los aeropuertos. El día 17 partimos, como miembros de la Batería número 18 caminando rumbo a Matanzas. En horas de la madrugada del 18 nos indican que continuáramos la marcha y es entonces es que vemos los primeros aviones mercenarios y empezamos a dispararles. Alrededor del mediodía entramos a Playa Larga.”

 

SE VEÍAN MUJERES Y NIÑOS MUERTOS EN LA CARRETERA
En Girón, Erasmo tendría su bautismo de fuego, porque precisamente parte del plan concebido por la Brigada mercenaria 2506 consistía en realizar el desembarco por tres puntos de la Ciénaga de Zapata: Playa Larga, Caleta Verde y Playa Girón.


“A la derecha estaba la carretera que va para Juraguá, la planta que estaban construyendo los soviéticos en esos momentos y a la izquierda seguimos hasta Playa Girón. En el trayecto vimos algunas personas en la carretera que habían matado los mercenarios. Se veían algunas mujeres, niñas. Vi también compañeros nuestros muertos. Alrededor de las dos de la tarde llega el batallón de Guanabacoa, A ellos los envían para Playa Girón y a nosotros que sigamos detrás de los camiones. En la noche emplazamos las cuatro bocas, que era así como le llamamos a las piezas de artillerías nuestras que llevaban. Por un lado estaba el mar, por otro la ciénaga, por lo que había muy poco espacio para moverse. El 19 por la mañana se llevan cuatro piezas y dejan dos, pero al poco rato no vienen buscar para unirnos de nuevo a los otros compañeros. Nos dijeron: “Estén preparados porque aquello sí está en candela.” Entonces yo pregunté -¿Y lo que hemos pasado? Y me dijeron: -“Lo que va a pasar es más fuerte”.


SIENTO UNA EXPLOSIÓN MUY CERCA Y PIERDO EL CONOCIMIENTO
Con esa incertidumbre, tal vez un poco de miedo, pero totalmente decidido Erasmo avanzó con sus compañeros, la mayoría no pasaba de los veinte años.


“Cuando llegamos a Girón se notaba en el ambiente una bruma en el aire del fuego de los morteros mercenarios. Emplazamos a la izquierda las cuatro bocas y nosotros a la derecha, nos metimos debajo de algunos árboles de la orilla del mar, que como sabes apenas tienen hojas. Entonces yo me subo al camión y empiezo a bajar las cajas de balas con dos compañeros más. Estando en eso siento una explosión a menos de tres cientos metros y veo algo que se levanta. Había debajo otros dos compañeros cuidando las cajas de balas. También había otros combatientes que habían estado en el Ejército Rebelde y cuando ocurre el estallido me dicen: -“Qué tú haces. Bájate de ahí que esos son morteros”. Yo no lo sabía y ellos me estaban advirtiendo porque lo sabían de la guerra”.


PARA ALGO SIRVIÓ, SIRVIÓ DEL ALGO
“Entonces me tiro al lado del camión y aquello se convirtió en un infierno: morteros por todas parte. De pronto siento una explosión muy cerca y pierdo el conocimiento.


Después siento que me llaman: ¡Erasmo, Erasmo! Era un muchacho que se llamaba Raymundo y estaba con la camisa envuelta en el pecho y la sangre le corría. Entonces nos metimos debajo del camión de las cajas de balas por suerte, no cayó ningún mortero allí”.


Nos recogieron en unos camiones para sacarnos de ahí y vimos a un compañero muerto, era Roly, de mi batería. Había cumplido los 16 años.


La herida fue en la pierna derecha. Ves, debajo de la rodilla. El fragmento de mortero me atravesó la pierna y también me hirió la otra. En el hospital de Matanzas nos enteramos el día 20 por la tarde de la victoria y eso nos alegró. Es verdad que nunca más he podido andar igual porque el mortero me dañó los ligamentos en la pierna, pero creo que para algo sirvió, sirvió de algo.


Después él continuaría al servicio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias durante casi tres décadas, Su manera de caminar ya no sería la misma y su modo de sentir a la patria, de ver la vida y de amar a los seres humanos tampoco.


Erasmo Puerta Rivero tiene hoy 71 años de edad y es orgullo de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, en Jaruco. A personas como él se agradece el recuerdo, el ejemplo y la victoria gloriosa de Playa Girón.

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