Puño de acero en los días de Girón

Corría el mes de abril de 1961, y el jaruqueño Luis Formoso Pantoja, miembro del Ejército Rebelde, recibía un curso de preparación en la Escuela de Tanques de Managua, en La Habana. Fue precisamente allí donde conoce de la invasión mercenaria por Playa Girón, y su respuesta como la de muchos cubanos que escribieron páginas heroicas por defender la Revolución, no se hizo esperar.

 

Recuerda Formoso el traslado hasta Playa Larga, en Matanzas, y las instrucciones que recibían para el manejo de los T-34. El armamento era nuevo, los soldados inexpertos y la misión difícil, pero ninguna de estas realidades pudo frenar el ímpetu y la decisión de los jóvenes tanquistas que junto a él lo dieron todo en Girón.

 

Recuerda también el encuentro con Fidel en el central Australia, el sonido de los cañonazos, las pesadas moles y el constante trasiego de hombres y armas en medio de un combate que siempre estuvo al rojo vivo.

 

Y a pesar de que lo difícil del terreno impedía maniobrar los tanques, el papel de esta fuerza blindada fue decisivo en la batalla contra la brigada mercenaria 2506. Comenta el jaruqueño Luis Formoso, que luego de vencer los obstáculos iniciales, las fuerzas cubanas obligaron a los mercenarios a retroceder hacia playa Girón.

 

Es entonces cuando las heridas en la memoria hacen brotar a sus 74 años las lágrimas de este gran hombre. El 18 de abril, comenta, aviones mercenarios con las insignias cubanas sobrevolaban el lugar dejando una ola de dolor a su paso, la misma sensación de indignación que sintió entonces Luis Formoso cuando vio morir a muchos compañeros, entre ellos el también jaruqueño Elio Llerena.

 

De aquellos días de abril de 1961 rememora el arrojo del líder de la Revolución Cubana, quien participó directamente en las acciones de los tanquistas. Fue desde uno de estos equipos que Fidel disparó certeramente contra el buque Houston y se sintió el poder de fuego de las fuerzas cubanas en apoyo efectivo a las acciones de la infantería.

 

La orden de combatir avanzando ininterrumpidamente sobre las posiciones de los mercenarios y haciéndolos retroceder hacia la playa fue cumplida sin vacilación, y las esteras de los tanques no pararon hasta tocar las aguas de nuestras playas y lograr la rendición enemiga en la tarde del miércoles 19 de abril.

 

Recuerda Formoso las hileras de mercenarios, caminando sin camisa o con los uniformes desgarrados por el combate. Y cuenta con indignación cuando vio a uno de ellos con la bandera cubana en las manos. Un traidor no pude llevar mi bandera, fue la respuesta enérgica de aquel muchacho de 22 años. Desde ese día ha transcurrido más de medio siglo, pero el jaruqueño Luis Formoso Pantoja aún guarda la insignia que le arrebatara al enemigo, aquel 19 de abril, cuando las fuerzas blindadas cubanas dieron el primer paso de un largo camino de acciones valerosas desarrolladas por nuestros tanquistas dentro y fuera de la Isla, y que le valieron el calificativo de Puño de Acero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

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