A mi viejo Felipe

Gracias a la vida por haberte tenido padre mío, viejo mío, gracias hay que dar cuando se encuentra en el hombre que nos engendró tanta generosidad acumulada, tanto ejemplo, valentía y nobleza, que hacen que los que te conocieron sientan con tristeza el adiós de tu partida.

 

Hombre sabio con paciencia insuperable para llevarme siempre de tu mano por el mejor camino, ese donde los hombres no se tuercen y miran al frente y de frente, donde no cabe la mentira, la hipocresía, la cobardía, la traición o el odio.

 

Gracias viejo mío, Felipe de mi alma, vida mía. Ejemplo fuiste siempre, y mis palabras no alcanzan, porque sencillamente no pueden llegar donde mi corazón quiere.

 

Viejo, como te extraño, aún te espero en la puerta al caer la tarde, y añoro tu beso antes de dormir, bálsamo contra los malos sueños, silbo como tú, solo para recordarte, y hoy que no estás no me conformo con haberte tenido solamente por 24 años.

 

No hay tristeza en mi recuerdo, ni existe nada con que medir mis sentimientos, estoy conforme con tu ejemplo y orgulloso de saber que nunca te falté, mi viejo, que siempre fui por donde me guiaste, que este hijo que formaste se mira en tu espejo, aunque sea tu reflejo imposible de igualar, pero se mira y al mirar quiere verse en ti, mi viejo.

 

No habrá tiempo que nuble tu legado, ni me aparte de tu lado o te aleje un segundo de mi pensamiento y de tu grato recuerdo.

 

Eres mi héroe, mí amor, el ejemplo a predicar, y a mis hijos voy a enseñar a que sean como tú, eterno rayo de vida que alumbra mis días y me sirve de guía en la oscuridad y en la luz.

 

Gracias mi viejo por tantas cosas buenas, por no ser superficial, por no amar lo material y por enseñarme a ser hombre y saber que un buen nombre vale más que el dinero.

 

Gracias por demostrarme que el verdadero amigo se prueba en la adversidad, que la casa se respeta, que mi madre es lo mejor que en la vida me tocó, hay viejo pero si no lo tengo a vos, nada hubiera sido igual, eres mi guía, mi manual, gracias por enseñarme a tomar mis decisiones, gracias por la libertad de escoger mi camino y labrar mi destino como hombre independiente pero, mirándome en tu ojos, que son la proa que señala el rumbo que este hijo tuyo ha de seguir por el mundo.

 

Ando tranquilo porque siempre me acompañas y porque se que no te has ido, la muerte no te venció aquel junio dos, hace ya trece años, porque yo no la dejé; y a mi corazón te mudé para que vivas mejor. Desde allí sigues haciendo cosas buenas en el mundo, ayudando a los demás y predicando la verdad con tu palabra de fuego, hombre bueno, viejo lindo, mi eterno carnicero.

 

Viejo, quiero que sepas que nada hubiera cambiado, no quiero la Tierra u otro planeta, o los tesoros del mundo si sólo por un segundo otro padre hubiera tenido porque sin ti viejo mío, mi vida no está completa.

Seguiré tus pasos siempre mirando de frente, cuidaré a mi familia y velaré el sueño de aquellos que nos importan y daré a mis hijos tu legado y buen nombre porque, maestro mío, usted me enseño, a ser un hombre.