Las mujeres del 26, Haydée Santamaría Cuadrado

Haydée Santamaría Cuadrado nació el 30 de diciembre de 1922, en el entonces Central Constancia, que hoy lleva el nombre de su hermano Abel, en Encrucijada, municipio perteneciente a la actual provincia de Villa Clara. Era la mayor del matrimonio de Benigno Santamaría y Joaquina Cuadrado, ambos inmigrantes españoles. Yeyé, así la llamaban cariñosamente tuvo luego cuatro hermanos más Aida, Aldo, Abel (quien fuera jefe en las acciones del 26 de julio de 1953) y Ada.


Bien temprano la joven Haydée se sensibilizó con los problemas sociales que asolaban a Cuba. Junto con Abel, ingresó en las filas de la Juventud Ortodoxa. Tras el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, colaboró con su hermano y otros revolucionarios en la edición de los periódicos clandestinos: “Son los mismos” y “El Acusador”.


Cuando Haydée Santamaría y su hermano Abel conocieron a Fidel Castro, simpatizaron enseguida, pues todos defendían los mismos intereses, tenían la misma ideología. Todos concordaban en que Cuba vivía un momento, tras el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, revolucionario y no político. Desde entonces el apartamento de 25 y O en La Habana, casa de los Santamaría fue el hogar donde nacieran las ideas de lucha del movimiento revolucionario y donde se ideó el ataque al cuartel Moncada.


En las acciones del 26 de julio de 1953, Haydée Santamaría bajo las órdenes de su querido hermano  Abel, ocupó junto con otros combatientes el Hospital Civil Saturnino Lora, con el objetivo de apoyar a los asaltantes del Moncada.


Ya presa tras las acciones del 26 de julio, trataron los esbirros de hacerla hablar y no pudieron. Luego le mostraron restos de los genitales de su novio Boris Luis Santa Coloma y los ojos de su hermano Abel, para amedrentarla y convencerla de hablar y Haydée  no flaqueó. “si ustedes les hicieron eso a ellos y no hablaron como esperan que hablé yo entonces” fue su respuesta. ¡Cuanta grandeza, que mujer!


No pudieron sacarle información alguna. En el juicio a los sobrevivientes, denunció los crímenes cometidos por la tiranía, emplazó a los que pretendían ser jueces: “Salí del Hospital Civil con 25 compañeros y aquí hay solo dos, faltan 23. Ustedes que son la justicia, digan dónde están”.


En su alegato, La Historia me Absolverá, Fidel Castro, al aludir al gesto de Haydée, expresaría: “Nunca fue puesto en un lugar tan alto de heroísmo y dignidad el nombre de la mujer cubana”.


Sufrió junto a su inseparable amiga Melba Hernández prisión en la cárcel de Boniato. Luego fueron trasladadas a la prisión de mujeres de Guanajay, y fueron libres el 20 de febrero de 1954. Al salir del presidio varios familiares y compañeros de lucha se reunieron ante la puerta para recibirla, allí se encontraba una periodista de la Revista Bohemia, quien le pregunta: “¿Y ahora, qué?, la respuesta de Yeyé no se hizo esperar: “Empezar de nuevo, no descansar, tenemos una deuda con nuestros hermanos muertos”


Al fundarse el Movimiento 26 de Julio, Haydée desempeñó, ya en la clandestinidad, un papel decisivo en la reagrupación de las fuerzas revolucionarias para la lucha armada. Participó en el alzamiento del 30 de noviembre de 1956, organizado y dirigido por Frank País.

 

En compañía de este y otros miembros de la Dirección Nacional del M-26-7 marchó a la Sierra en febrero de 1957 para coordinar el apoyo desde el llano, y conducir al periodista de The New York Times, Herbert Matthews, a presencia de Fidel para que realizara la célebre entrevista que echaría por tierra la propagada batistiana basada en la supuesta muerte del jefe guerrillero.

 

Por orientaciones de Fidel partió al exilio, como delegada del Movimiento 26 de Julio en el exterior, con el fin de aglutinar las fuerzas de la emigración y organizar expediciones para abastecer de armas al Ejército Rebelde.

 

Haydée Santamaría falleció el 28 de julio de 1980. Antes había desarrollado una incomparable labor en la Casa de las Américas, lugar desde el que selló la mistad de Cuba con muchos pueblos del mundo. Con su muerte Cuba perdió una de las mujeres más valerosas de su historia.

 

Hay una anécdota de cuando Yeyé llega en tren a Santiago de Cuba víspera de los sucesos del Moncada que muestra su valentía, sangre fría y determinación.


Durante el último tramo en tren, un soldado del régimen de Batista con aires de seductor se acercó constantemente a ella y al llegar quiso llevarle las maletas. Estas eran estas tan pesadas que el guardia preguntó: “¿Qué llevas, ahí dinamita?” y Haydée tranquila y sonriente el respondió: “Libros. Acabo de graduarme y voy a ejercer en Santiago.

 

Aprovecharé el carnaval para divertirme un poco después de los estudios. Sabe usted sería un buen compañero para divertirme en el carnaval”. El soldado, que cargó las maletas con armas, sonrió amistoso y le señaló, antes de marcharse, el lugar dónde debían encontrarse después. Así era Haydée Santamaría Cuadrado.

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