Los hombres del 26, José Madera Fernández

Para entender a los jóvenes que el 26 de Julio de 1953 asaltaron los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayazo, además del hospital civil Saturnino Lora, en una de las operaciones militares más audaces de la historia de Cuba, es preciso haber vivido bajo una dictadura tan sangrienta y asesina como la Fulgencio Batista y Zaldívar.

 

Esta dictadura se volvió mucho más asesina y sanguinaria después de los sucesos del Moncada. Mataron a casi todos aquellos que fueron hechos prisioneros y comenzaron a escala civil una persecución y ola de torturas contra todo aquel que tuviera ideas contrarias al régimen o perteneciera al movimiento 26 de julio.

Entre los 152 asaltantes que comandó Fidel Castro a aquellas acciones estaba José Madera Fernández, “Martillo”, un joven de 18 años.

 

Nacido en La Habana el 15 de octubre de 1935, José estudio en varias escuelas hasta completar el sexto grado, luego se hizo aprendiz de operario de telar de una fábrica de medias para hombre, cooperaba como podía con la economía familiar, vivía con su madre, su padre y sus seis hermanos.


Después del golpe del 10 de marzo de 1952, se incorporó del movimiento revolucionario que organizaba Fidel Castro como miembro de la célula de Cayo Hueso, barrio aledaño a la Universidad de La Habana, dirigida por Raúl de Aguiar. Participó en las movilizaciones y en el adiestramiento militar de la universidad y en fincas del interior.


El 24 de julio de 1953 es uno de los dieciséis hombres que bajo el mando de José Luis Tasende hacen el viaje en ferrocarril desde La Habana a Santiago de Cuba, en compañía de sus compañeros Raúl de Aguiar, Andrés Valdés y Armando Valle, con quienes se aloja en el hotel “Perla de Cuba”.


A medianoche del 25 para 26 de julio fueron trasladados a Villa Blanca, una granjita en la carretera hacia la playa de Siboney, donde vistieron uniformes militares y recibieron armas para combatir con el contingente que bajo las órdenes directas de Fidel intentaría penetrar por la posta 3 en el cuartel Moncada.


Fracasada la acción, Madera lograría escapar con Aguiar, Valdés y Valle, y llegar a la finca de los Castro Ruz, en Birán, Cueto, al norte de Oriente, donde Ramón Castro les ofreció refugio, ropas y dinero para facilitarles su propósito de regresar a La Habana. En Alto Cedro fueron apresados, trasladados a Santiago de Cuba, con escala en Palma Soriano.


Después de ser sometidos a tortura se les asesinaría. En la madrugada del 29 de julio, el cuerpo de Madera Fernández junto a los de Aguiar y Valle fueron abandonados por el ejército en Conuco, un punto insignificante del barrio rural de Damajayabo, municipio El Caney, en cuyo cementerio fue inhumado. Tenía 18 años de edad.


Muchos factores influyeron en la formación de aquel joven que con tan corta edad pudo integrar la vanguardia de la Generación del Centenario. Apasionado lector de la Historia de Cuba, de Martí, un tío de militancia ortodoxa y otro socialista pesaron mucho en la formación de su conciencia revolucionaria.

 

Algunos de sus compañeros de lucha le llamaban cariñosamente Martillo porque solía repetir la frase; Martillo antes que yunque. Tenía un espíritu rebelde.

 

Su tío Andrés Fernández hablaba de la disposición que José mostraba siempre: “Un día José se nos acercó y nos dijo: Cuando haya algo que hacer me vienen a ver…manifestaciones, actos en la Universidad, lo que sea…que yo voy”  Así son los verdaderos revolucionarios.

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