Los hombres del 26, Julio Díaz “julito”

El 23 de mayo de 1929 nació Julio Díaz González, decirlo así tal vez para algunos no aporte mucho, pero decir que es Julito Díaz el mártir de Artemisa y cuyo nombre se exhibe a la entrada del campamento provincial de pioneros exploradores de Jaruco en Mayabeque, radicado en las Escaleras de Jaruco, hace al revolucionario cubano alguien familiar.

 

Su infancia fue dura, como la de muchos por aquellos años de seudo república donde las garantías de trabajo y las necesarias para los niños brillaban por su ausencia.
 
Tras el fallecimiento repentino de un hermano comenzó a trabajar para así intentar mejorar la situación familiar. Fue dependiente y ayudante en varias ferreterías, como por ejemplo La Casa Roja, El Recreo y más tarde en El Almacén.

 

A pesar de trabajar desde pequeño Julito Díaz intentó siempre superarse, se las agenció para estudiar por correspondencia aspectos referentes a Gimnasia y Navegación, además de recibir algunas clases de inglés y obtener una matrícula para una Academia Comercial llamada Pitman.

 

Inquieto y siempre opuesto a las injusticias sociales y a la forma en que vivía el pueblo de Cuba bajo los gobiernos neoliberales, el 10 de marzo de 1952 cuando Fulgencio Batista llega al poder tras liderar un golpe militar que frustraba las elecciones de 1953, Julito se convirtió en un militante mucho más activo dentro de la Juventud Ortodoxa, partido al que pertenecía.

 

En esta organización de izquierda conoció y entabló amistad con el joven abogado Fidel Castro con el que rápidamente compartió las ideas de libertad y justicia y con el que comenzó los preparativos de lo que sería el nuevo movimiento revolucionario en Cuba, uno que tendría como su expresión más alta la lucha armada hasta derrocar el régimen de Batista que llegó al poder gracias al ejército y con el apoyo del gobierno norteamericano.

 

Julito fue uno de los jóvenes que recibió instrucción militar con vistas al asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en Santiago de Cuba.

 

Siempre en primera fila de combate, es hecho prisionero al fracasar el asalto al Moncada, fue torturado pero escapó al asesinato, suerte que corrieron muchos de sus compañeros de lucha. Julito es destinado al  Reclusorio nacional o Presidio de Isla de Pinos, el 12 de octubre fue trasladado hasta allí por aviones DC-3 del ejército junto a muchos de sus compañeros.

 

En el reclusorio fue destinado junto a los revolucionarios a un salón del hospital que los separaba de los presos comunes con el objetivo de que no dialogaran con estos y pudieran ganar adeptos a la causa revolucionaria.

 

Como el resto de sus compañeros se negó a aceptar la cena especial del 24 de diciembre de 1953 en protesta por los asesinatos cometidos por el ejército y la guardia rural durante los sucesos del Moncada.

Julito Díaz fue trasladado luego a Pinar de Río y gracias a la amnistía general que se vio obligado a aceptar Batista el 15 de mayo de 1955, salió en libertad junto a sus compañeros del presidio político.

 

Una vez libre se exilió en México para reunirse nuevamente con Fidel Castro asumiendo rápidamente responsabilidades en la preparación de la expedición armada que se estaba organizando. Durante las labores de preparación llegó a ser arrestado por la policía mexicana y gracias a la intervención  directa del ex-presidente de aquella nación, Lázaro Cárdenas fue puesto en libertad.

 


Julio Díaz González fue un expedicionario del yate Granma y sobrevivió a la sorpresa de Alegría de Pío, fue un destacado guerrillero que participó activamente en diversos combates como en el ataque al cuartel de La Plata, la primera victoria del Ejército Rebelde, el de Arroyo del infierno y estuvo presente en el combate de Altos de Espinosa.

 

Julito Díaz era ya teniente de una escuadra del pelotón comandado por el capitán Raúl Castro, era el 28 de mayo de 1958 cuando comenzó el combate de El Uvero, poco tiempo después de iniciadas las acciones bélicas recibió un mortal disparo en la cabeza que segó su vida. Sus restos mortales descansan en el Mausoleo a los Mártires de Artemisa.

 

Julio Díaz González, “Julito”, fue siempre un joven alegre y combativo, que siempre compartió sus cosas con sus compañeros, que ayudaba a los demás, y no tenía miedo en perder su vida por la causa que defendía con orgullo, su valor a toda prueba y su entrega es recordada hoy al igual que la de muchos hombres y mujeres de bien que siguieron por los caminos del 26.