Los hombres del 26, Josué País García

Josué País García, el hermano de Frank, nació el 28 de diciembre de 1937. Fruto del matrimonio del reverendo Francisco País y doña Rosario García. Siempre profesó por su hermano mayor el más profundo sentimiento de respeto y admiración, sobretodo tras la muerte prematura de su padre.  

 

Inclinado desde bien pequeño al las ideas revolucionarias de su hermano, Josué fue tejiendo con méritos propios su historia revolucionaria.

 

El 7 de diciembre de 1953, con 15 años se convirtió en líder de una manifestación en conmemoración a la muerte de Antonio Maceo y se llevó unos cuantos palazos de los policías.

 

Cuando Frank País organizó la Acción Revolucionaria Oriental (ARO) para luchar contra la tiranía de Fulgencio Batista, lógicamente, entre sus fundadores se halló Josué. Al joven lo sorprendieron en 1954 pintando un muro con consignas de ¡Abajo Batista! Fue conducido a una estación de policía, lo sometieron a un intenso interrogatorio, lo colgaron por los pies, y le dieron uno golpes, a pesar de que solo tenía apenas 16 años, pero no delató a sus compañeros: "Fui yo, más nadie que yo..., repitió sin cesar, hasta que fue puesto en libertad.

 

Josué había cursado sus estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza, donde obtuvo la beca "Heredia", como alumno eminente. Poco después matriculó la carrera de Ingeniería en la Universidad de Oriente, donde sólo pudo comenzar el primer año pues esta cerró sus puertas.

 

Junto a su hermano Frank, compartió los preparativos del alzamiento del 30 de noviembre de 1956, en apoyo al desembarco del Granma. Desgraciadamente, fue detenido al amanecer del histórico día junto al muro del Instituto de Segunda Enseñanza, cuando se disponía a penetrar en él para disparar contra el "Moncada" con un mortero instalado allí.

Sufrió prisión por varios meses en la cárcel de Boniato y, apenas puesto en libertad, retornó, al igual que Frank, a las actividades del clandestinaje, se refugió en la casa de su tía Angela.

 

Siempre activo, temido por sus enemigos, a pesar de su juventud, y respetado y admirado por sus compañeros llegó la fatídica tarde del 30 de junio de 1957.

 

Desde el parque Céspedes, en el corazón de Santiago de Cuba, rodeados de esbirros y chivatos el asesino Rolando Masferrer y los "candidatos electorales" del régimen batistiano emitían arengas e improperios por la radio contra el pueblo y todos aquellos que no estuvieran de acuerdo con Batista.

 

Escondido en un lugar de la ciudad, Josué a sus 19 años escuchaba, impaciente y deseoso de entrar en acción, era buscado por los esbirros que nada sabían de su paradero. El joven, inmaduro, no supo aguantarse y tomó la decisión de hacer algo al respecto.


Se lanzaría a la calle para cargar contra los esbirros, acompañado por sus compañeros, Salvador Pascual y Floromilo Vistel y Salcedo.
 
Sobre las 4 de la tarde Salvador Pascual apareció a recogerlo en un auto, sin saber ellos que la persona a quien Pascual había pedido el auto ya les había traicionado dando las señas del carro a la policía.

 

Al llegar a las calles Martí y Corona fueron interceptados, pero no obedecieron la orden de detenerse y se inició una feroz persecución y tiroteo. Los esbirros eran muchos más y estaban mejor armados,  cuentan los testigos de la época que el auto de los revolucionarios, aún ponchado por los disparos, "volaba" por las estrechas calles de la ciudad.

 

Finalmente el las calles Martí y Crombet, se produjo el desenlace. Los jóvenes no tenía escapatoria, fueron acorralados y acribillados por las ametralladoras.  "Floro" Vistel y Salvador Pascual fueron rematados en el interior del vehículo.

 

A Josué lo montaron herido, en un "jeep" de la marina. Estaba vivo, luego en el trayecto hasta el Hospital, recibió un tiro de gracia en la sien. Afirman varios testigos que antes de ser asesinado se escuchó su voz que gritaba: ¡Viva la Revolución! ¡Viva Fidel!

 

Su sepelio congregó una inmensa multitud por todo Santiago; el pueblo indignado fue a darle merecido tributo a uno de sus ilustres hijos. Frank, tuvo que soportar desde su escondite el inmenso dolor de la pérdida de su adorable hermano.

 

La marcha fúnebre la abrió Doña Rosario García, la madre valerosa de los hermanos País, quién ordenó que el ataúd no fuese cerrado, para que Josué "contemplase al pueblo que lo seguía".

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