Los hombres del 26, Abel Santamaría Cuadrado

Era la tarde del 20 de octubre de 1927, en el central Constancia, actual provincia Villa Clara, cuando vio la luz el cuarto hijo de un matrimonio de cinco, de los inmigrantes españoles Benigno Santamaría y Joaquina Cuadrado, al niño le pusieron por nombre  Abel Santamaría Cuadrado

 

Su padre era el jefe de carpintería del central, y su mamá una dedicada ama de casa. En Constancia trabajó arduamente el dirigente de los obreros Jesús Menéndez, conocido por “el General de las Cañas” y Abel recibió de él sus primeros influjos revolucionarios comenzó a interesarse por el movimiento obrero azucarero y por su vindicación.


Tras desempeñar varias funciones dentro del central, para 1947 Abel Santamaría se traslada a La Habana a vivir agregado en un cuarto con su primo Fito. El joven quería seguir estudiando y logra ingresar en la Escuela Profesional de Comercio y en el Instituto Número Uno de Segunda Enseñanza.


Cursa ambos estudios hasta que continúa sólo el bachillerato hasta completar el segundo año, hasta que consigue empleo de oficinista en la Textilera Ariguanabo, y posteriormente en la agencia representante en Cuba de los automóviles Pontiac, en la que lleva la contabilidad y la caja. Allí llegó a ganar entre mil ochocientos pesos y dos mil cuatrocientos mensuales, lo que le permitió alquilar un pequeño apartamento en un edificio sito en la calle O, número 164 en El Vedado, y esta solvencia le permite traer a vivir con él a su hermana Haydee y adquirir a crédito un automóvil de uso.


Abel fue un estudioso de la obras de Vladimir Ilich Lenin, y más profundamente de las de José Martí al que siempre citaba para ponerlo de ejemplo en muchas situaciones. En su apartamento del Vedado  tenía un busto del Maestro.


Ingresó en el Partido Popular Comunista Obrero y se incorporó junto a Jesús Montané a la Comisión de Asuntos Campesinos, integrándose definitivamente en las luchas por la justicia social, primero contra la corrupción del gobierno del “auténtico” Carlos Prío y luego sumándose a la larga lista de detractores de Fulgencio Batista y su golpe militar. Su hermana Haydee lo seguía en estas labores.


El 1 de mayo de 1952 en el Cementerio de Colón tras una marcha se encuentran Fidel Castro y Abel Santamaría, el destino selló entonces el futuro de ambos jóvenes. A partir de este momento transitaron juntos en pensamiento y acción para la preparación de la lucha revolucionaria.


Fue en el apartamento de Abel y Haydée en El Vedado donde se puede decir nació el movimiento revolucionario, ahí se fraguó el asalto al Moncada.


Abel se convirtió rápidamente en la mano derecha de Fidel, fue el segundo Jefe del Movimiento revolucionario que atacó los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, tuvo a su cargo la dirección de la organización.


Fue designado por Fidel junto a Renato Guitart Rosell para preparar las ciudades de Santiago de Cuba y Bayamo, que recibirían a los revolucionarios. Se trasladó a oriente en un Oldsmobile y Renato Guitart, el único residente en Santiago de Cuba que participó en los preparativos y el asalto al Cuartel Moncada, lo esperaba y ambos garantizaron su parte, los revolucionarios fueron recibidos y debidamente acomodados según fueron llegando a Santiago.


Abel Santamaría era un luchador incansable, participó de forma muy activa en todas las líneas de trabajo que se requerían, desde la  organización y disciplina de las células de jóvenes, la propaganda, organizando manifestaciones de calle, dirigiendo el adiestramiento militar y la búsqueda de recursos económicos para la compra de armas, y uniformes.


Tenía Abel, decían sus compañeros, la misma forma de trabajar de Fidel, por eso parecían uno solo, afirmaban. Tan ferviente era en cualquier labor que se convirtió en uno de los hombres más admirados por los revolucionarios.


El 26 de julio de 1953 Abel Santamaría sería el encargado de tomar el Hospital Civil Saturnino Lora, que estaba muy próximo al Moncada, para desde allí apoyar el asalto, contó con un grupo de 19 compañeros entre los que se encontraba su hermana Haydée. Fidel le había asignado esa misión “menos riesgosa” para que caso de él caer en combate Abel asumir la máxima dirigencia del moviendo revolucionario y seguir la lucha desde las lomas de Oriente.


La acción fue exitosa, pero al fallar el factor sorpresa en el asalto al Moncada, el joven revolcuioanrio y casi toda su gente fueron hechos prisioneros. En el Vivac, santiaguero Abel Santamaría tuvo que soportar el dolor inimaginable de sentir como le sacaban sus ojos a cambio de denunciar al jefe de la conspiración. Pero Abel murió duramente torturado por un puñado de asesinos a sangre fría con uniforme militar que nunca se sintieron más desconcertados en la vida que cuando no pudieron arrancar una sola palabra de la boca de Abel Santamaría, que fue siempre como afirmara Fidel: el alma del movimiento.

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