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Cumpleaños con ribetes olímpicos

Quienes tenemos el enorme privilegio de vivir estos tiempos, convulsos y apasionantes a la vez, en que el trabajo, el aporte cotidiano y la lucha por la eficiencia y la calidad en todos los órdenes constituyen los principales desafíos a enfrentar, hacemos un alto en el camino para celebrar el cumpleaños de Fidel.

 

 

Aunque alejada ya de los frentes de combate, de las grandes inversiones, de los devastadores huracanes y de los actos multitudinarios, la imagen de su esbelta e imponente figura de verde olivo permanece intacta en la memoria de su pueblo, al que dedicó más de medio siglo de vida revolucionaria.

 

Cumple Fidel 90 años y lo hace desde nuevas trincheras, sin tiempo apenas para el merecido descanso: conocidos son sus desvelos, junto a colaboradores cercanos, por mejorar la alimentación animal, y con ella la de los seres humanos, a partir del uso extensivo en la ganadería de plantas de alto contenido proteico.

 

Su pluma, cual arma en ristre, tampoco ha dejado de combatir, siempre presta a destruir falacias, deshacer entuertos, alertar, denunciar, motivar o convencer, con el mismo verbo encendido con que arremetió entonces contra el tirano que bañó en sangre a la República antes de enero de 1959.

 

Combatiente sin par hasta el último aliento, el Comandante invicto de tantas batallas ha legado para la posteridad el concepto más completo de lo que es una genuina revolución y de lo que es sentirse y ser revolucionario consecuente a toda prueba, en cuyos actos no tienen cabida jamás el pesimismo y la desidia.

 

Lo hizo, como ha dicho su hermano Raúl, no para que se repita de memoria como un dogma en plazas y actos públicos; tampoco para que quede como ejemplo de síntesis en manuales, libros y revistas; mucho menos como fría propaganda en vallas, carteles y murales desaliñados.

 

Lo hizo, eso sí, para llamarnos al combate sin tregua contra nuestras insuficiencias, para convocarnos a la rectificación oportuna, para trabajar con fervor y dignidad por una Cuba mejor, para marcarnos el derrotero a seguir en una revolución humanista y justa como la nuestra.

 

He ahí la grandeza de Fidel. A sus incuestionables virtudes, a su ejemplo de conducta intachable, a su exquisita sensibilidad humana, a su extensa hoja de servicios a la Patria,  une ahora una ferviente actividad intelectual con ribetes olímpicos por su hondura y capacidad previsora.

 

Queda entonces de nuestra parte, de la parte de los que construyen y perseveran, mantener en alto, a fuerza de unidad, las banderas que él y su generación enarbolaron victoriosos hace 58 años, al costo de enormes sacrificios y de la vida de muchos de sus hermanos caídos en el fragor de la lucha.

 

Ser consecuentes con ese legado histórico, es la mejor forma de rendir merecido homenaje al Comandante en Jefe en su 90 cumpleaños, quien firme como cedro, roble o caguairán, espera de su pueblo nuevas hazañas que lo engrandezcan ante el mundo por su amor a la paz, la libertad y la solidaridad militante.

 

Felicitémonos todos, este 13 de agosto, por tener a un Fidel y a un Raúl; por contar con un Partido de acero, que es guía y ejemplo; por formar parte de este pueblo inclaudicable, que ha sabido y sabrá enfrentar, resistir y vencer los más peligrosos y mortíferos vendavales.

 

Por Miguel Febles Hernández | Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.