“Más Sal que Paraíso”

Estoy completamente seguro que podía haber escrito estas líneas desde que vi el primer capítulo de la telenovela cubana, o mejor dicho, de la teleserie cubana, La sal del paraíso, que transmite el canal Cubavisión, pero, por una cuestión de ética no quise adelantarme a las críticas y mejor tratar de disfrutar como un espectador más.


El resultado, lo suponía, los cubanos una vez más suspiran de insatisfacción por otro fallido dramatizado de la televisión cubana, y a esto le añado que estoy más afectado aún por cómo los guionistas y el colectivo de realización de esa producción conciben la radio cubana. Esa es otra gran pena.

 

 

Quiero partir este análisis por el guión, ya que estamos hablando de la unión entre dos escritoras Yaíma Sotolongo y Emilia Liñero, quienes lejos de presentar una historia común de la sociedad cubana, válida para sentarse a ver en las noches de martes, y jueves en la pequeña pantalla, ponen al televidente casi en jaque ante una serie de conflictos, por así llamarlo técnicamente, que al final se quedan en la cáscara de esos personajes, sin historias interesantes, llenos de frivolidades, intereses sexuales, la corrupción, violencia de género y hasta falta de profesionalismo de algunos de los personajes de la emisora de radio.

 

Mi primera interrogante: ¿no existen historias de vida más interesantes que narrar en una teleserie? ¿Hubo un análisis profundo del tema que se trataba?

 

Hablemos ahora de la mala concepción de la historia que se teje alrededor de la Radio, partiendo de que uno de los personajes antagónicos pone su radio para dormir, o sea da una lectura negativa de este medio: la radio no dice nada interesante. Además hay una lucha de poder entre profesionales que supuestamente son rivales solo por una programación. A muchos de los radialistas, este aspecto nos decepciona.


Me refiero ahora a la producción y la dirección de arte de La sal del paraíso. Vuelven a la pantalla las escenas con falta de iluminación, con una escenografía poco atractiva y forzada para la filmación.

 

Se reitera en cada capítulo de la serie una y otra vez imágenes de La Habana, ciudad donde se desarrolla la trama, pero al parecer esto es un mal que vienen arrastrando desde hace años las novelas cubanas.

 

Eso al final quiere decir que hay poca riqueza en el guión, y vuelve el guión, y hay que rellenar más con las vistas de la capital. La banda sonora, por su parte lleva la música de David Blanco, y que cuando escuchamos la letra de las canciones y las escenas, algunas veces nada tienen que ver.

 

En cuanto a la dirección de de actores, difícil materia que tuve en una etapa de mi vida desarrollar, también deja mucho que decir. No se palpa a profundidad una dirección de caracterización de los personajes, me da la impresión que los actores llegaron un día a escena hicieron la propuestas de sus personajes y de ahí pasaron a la filmación. Y aclaro no desmerito el trabajo de los artistas ante cámara por su “esfuerzo”, pero en mi opinión, se pudieron explotar mucho más.

 

Llega otra de mis preocupaciones: ¿Por qué los mismos rostros en una producción de la televisión cubana? ¿Se hizo una buena selección en el casting? ¿Cuánto tiempo demoró la construcción de los personajes? ¡Ah, un detalle para que usted lo conozca! Intervinieron en la teleserie La sal del paraíso 60 actores para apenas 65 episodios. Es sin duda, un exceso no sólo de índole económica, sino artística. Para ir cerrando este polémico tema: ¿por qué corrieron la teleserie La sal del paraíso de su horario habitual para después de la novela brasileña?

 

En febrero de este año tuve la oportunidad de asistir por tercera ocasión al Concurso Taller de Programa Culturales y Dramatizados, Puente de la Concordia, convocado por la UNEAC de esa provincia y la reconocida actriz del teatro, la televisión y la radio matancera Magalis Bernal, dijo: “Me preocupa el camino de los espacios dramatizados en Cuba”. Y créame que nos preocupa a todos los cubanos, desde el espectador con menor nivel académico hasta el más intelectual, nos preocupa el mal trabajo de las teleseries.

 

Sin duda hay que revisar, investigar, exigir y trabajar mejor a la hora de sentarse a concebir una producción televisiva. Ojalá vuelvan a nuestras pantallas espacios como Tierra Brava, Sol de Batey, La cara oculta de la luna, o que continúen saliendo espacios como UNO, ese policíaco que ahora en el verano esperan todos cubanos los miércoles a las ocho y treinta de la noche por el canal de la familia cubana que sí reúne cuestiones esenciales como la riqueza del guión, el buen trabajo de casting, adecuada fotografía y dirección de arte y general.

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