El Guajiro de Laberinto que llevaré en mi corazón

La noticia deportiva en Cuba esta semana fue triste, murió el Guajiro de Laberinto, ese que multiplicó su tamaño en el box por el de su corazón para ser un grande de la historia de la pelota cubana y de las grandes ligas norteamericanas.

 

Murió Conrado Marrero, quien estuvo 102 años lanzándole strikes a la vida, falleció en su apartamento de Plaza de la Revolución de causas naturales, había visto la luz el 25 de abril de 1911.

 

 

 

 

Como pelotero, jugó en los cuatro grandes de la pelota profesional en Cuba, Habana, Cienfuegos, el Marianao y los Almandares, y en todos ellos fue figura, ganó además cuatro series mundiales amateurs.

El premier o Connie Marrero, llegó en 1950 con 39 años al béisbol de las Grandes Ligas de Estados Unidos, allí jugó cuatro temporadas con los Senadores de Washington, y logró 39 victorias con 40 derrotas, un promedio de carreras limpias de 3.96 y 297 ponches.

 

Desde el box lo caracterizaba su control y sus rompimientos y para él, su arma principal era su valor, no le temía a nadie.

 

En 1954 Conrado Marrero regresó a Cuba, su amada tierra, y se mantuvo siempre vinculado al béisbol, entrenando a muchas glorias de nuestro deporte en distintas épocas. Por su abnegación y consagración fue condecorado como Héroe del Trabajo de la República de Cuba.

 

No hay tristeza, como hombre cumplió con su familia y su país, y como deportista puso bien alto el nombre de Cuba y nos dio orgullo que fuera de los nuestros.

 

De Marrero hay que hablarle mucho a los niños, para que sepan que Cuba lo tuvo y lo disfrutó, y siempre hay que recordarlo con su tabaco en la boca, en una mano su inseparable copa de vino tinto y en la otra su amada pelota de béisbol. Esa es la imagen del Guajiro de laberinto que siempre llevaré en mi corazón.