La Literatura como fuente cultural

Quién no sabe que es la palabra la que nos acerca a la vida, la que nos permite tocar el alma y la que nos eleva por distintas latitudes. Es ella la máxima expresión de la literatura. Porque no hay literatura sin palabras, ni palabras sin literatura. Desde que nacemos, crecemos acompañados de las lecturas compartidas de poemas, cuentos y narraciones que son las armas que nos abren las puertas de la ensoñación, a nuevos y desconocidos mundos  habitados por el encanto, el misterio y por el profundo hechizo que ejercieron sobre nosotros: hadas, duendes, hechiceros, príncipes y princesas, que luchaban contra  el egoísmo, la maldad, la envidia y el desamor.


Y es que desde pequeños la literatura aporta a nuestras vidas un cúmulo de valores de los que en ocasiones apenas nos damos cuenta. Muchos renegamos hoy la lectura de un buen libro porque resulta aburrido, y, en fin, siempre parece una mejor opción ver una buena película de acción o simplemente jugar una partidita de algún videojuego en el tablet o la laptop. Pero, ¡cuántos de nosotros dejamos de llorar e incluso de sentir dolor, tras una caída, al conjuro de aquellas palabras mágicas de: “Sana sana, colita de rana, si no sana hoy, sanará mañana”! Un texto quizás humilde de sentido, pero lleno de la más extraordinaria magia literaria ante los ojos de cualquier niño que ve en ellas un enorme alivio y una muestra de ese amor inmenso profesado por un padre, una madre o algún miembro de la familia.


 Y es que los niños cubanos, han crecido fervientemente de la mano de un clásico escrito para los infantes de América: “La Edad de Oro” de José Martí..


¡Cuántos valores recogen esas páginas escritas con tanto amor! El sentimiento piadoso ante el pobre Loppi y el aborrecimiento por el autoritarismo y la ambición desmedida de Masicas., en “El Camarón Encantado” ¡Cuántos no sentimos cercana la muerte al leer “Los dos príncipes” y leyéndolo descubrimos que la muerte iguala al rico y  al pobre y que para todo padre bueno, su hijo constituye un príncipe aunque en verdad carezca de ese título nobiliario!


Ya en la adolescencia otro mundo literario se abre ante nuestros ojos atónitos y expectantes. Así de esta manera otras literaturas abrazan nuestro entendimiento. Es entonces cuando nos encontramos ante el mundo fascinante de los textos de Nicolás Guillén, resaltando en cada palabra propiamente dicha, que somos un pueblo netamente cubano.

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