Hasta siempre Comandante

Una llamada telefónica de un colega periodista interrumpió mi sueño en la madrugada de este sábado y ya no logré regresar a la cama, Fidel Castro ha muerto, me anunció, debemos escribir algo sobre él, y fue como un relámpago la pregunta en mi cabeza  ¿Cómo resumir lo que siento por ese gigante, que no nos dice adiós porque seguirá entre nosotros con su ejemplo?


Relatar las incontables cualidades de usted, Comandante, es prácticamente imposible, necesitaría para ello multiplicar los años que describían sus arrugadas manos, adentrarme en los escenarios históricos del Cuartel Moncada y en los males denunciados por usted en su alegato La Historia me Absolverá.


Tendría además que navegar por las adversidades del yate Granma, penetrar en la espesura de la Sierra Maestra, rememorar la alegría de los cubanos luego de su entrada  en Santiago de Cuba, y hacer el recorrido triunfal hasta La Habana, reconociendo siempre que su nombre lleva impreso las poderosas razones del pueblo.


Comandante Fidel, hoy el pueblo de Jaruco unido a millones de cubanos, agradece su  valiosa existencia, porque  aún, sin aceptar la noticia de su muerte que nos dio el despertar este sábado,  nuestros corazones seguirán eternamente con su presencia, más allá de su desaparición física.


Para relatar sus incontables cualidades habrá que entender a profundidad cada momento vivido por su pueblo, aceptar la realidad de una nación que emergió desde el dolor, plagada de oscuras arbitrariedades y de sinsabores provocados por  los gobiernos de turno antes de 1959.


Por todo ello, será imprescindible comprender por qué, a pesar del férreo bloqueo que nos asfixia económicamente impuesto por los Estados Unidos, en nuestra Cuba los niños no están desnutridos, la salud pública y la educación continúan de manera gratuita, y siguen siendo las grandes conquistas de la Revolución.


Pero si difícil es entender hoy su muerte, mucho más  difícil es seguir sin sus pasos que nos guiaron, por que  usted Comandante, es el más grande de los hijos que ha parido esta tierra, y por su entrega y arrojo, bien pudiera llamarse pueblo.


Este  25 de noviembre, Fidel Castro Ruz  se ha ido físicamente, pero se queda por siempre y nadie se atreve a despedirlo, mucho menos cuando José Martí, el más universal de los cubanos, sentenció que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida.


Entonces no es posible decirle adiós, sino ¡Hasta la victoria siempre, Comandante!

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