Fidel: un lector voraz

Escribir sobre las pasiones, las hazañas o la grandeza de Fidel Castro Ruz, resulta muy común por estos días, cuando Cuba toda le rinde tributo tras su desaparición física.


Su relación con el deporte, la economía, la ciencia, el derecho, la salud pública, la educación y la política exterior, son algunos de los titulares que inundan la red de redes desde este 25 de noviembre.


Entonces, decidí volver nuevamente sobre la devoción del líder histórico de la Revolución cubana por la lectura, la buena lectura. Esa especial relación que establecía con los libros, revistas, diarios, folletos o cualquier papel impreso o manuscrito cuyas líneas concentrasen información interesante.


Como dijera en una ocasión su buen amigo, Grabiel García Márquez: “… Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos. José Martí es su autor de cabecera y ha tenido el talento de incorporar su ideario al torrente sanguíneo de una revolución marxista…”

Y enfatiza García Márquez: “… Fidel requiere el auxilio de una información incesante, bien masticada y digerida. Su tarea de acumulación informativa principia desde que despierta. Desayuna con no menos de 200 páginas de noticias del mundo entero.


Durante el día le hacen llegar informaciones urgentes donde esté, calcula que cada día tiene que leer unos 50 documentos. Es un lector voraz. Nadie se explica cómo le alcanza el tiempo ni de qué método se sirve para leer tanto y con tanta rapidez, aunque él insiste en que no tiene ninguno en especial… ”
Es que el Comandante en Jefe, veía en la lectura un arma especial para la dirección, la instrucción, la información, la conducción y el ejemplo.


Fue una práctica que adquirió desde niño, y lo confesó a Tomás Borge, en ocasión de una larga conversación, publicada en 1992 en el libro Un grano de maíz. Dijo Fidel: “… Sufro cuando veo las bibliotecas, sufro cuando reviso una lista de títulos de todas clases, y lamento no tener toda mi vida para leer y estudiar…”.
“… De todo he leído. Se me acaban los libros y entonces tengo que salir a buscar… Es muy variada la literatura. Tengo libros, algunos son más pesados, otros son menos pesados. Todo depende, del trabajo que tenga, de las actividades en que esté envuelto…”


Pero, por muy ocupado que estuviera Fidel, siempre encontraba tiempo para hacer una buena lectura y lo demostró muchas veces llevando libro a reuniones e importantes encuentros, aprovechando esos pequeños espacios en el auto para devorárselos todos ya fueran en inglés o español.


Con una lucidez deslumbrante, como lo calificara Miguel Barnet en una ocasión, hasta sus noventa años, Fidel Castro Ruz, dilató sin vacilaciones su pupila de ávido lector con lo mejor de la literatura nacional e internacional.


Y hoy, cuando sus ojos ya no pueden seguir el curso de su dedo sobre las líneas de un texto, se convierte entonces en motivo de inspiración de escritores, periodistas, historiadores, poetas, políticos y artistas, para componer los mejores libros y las rimas más perfectas de un gigante que se antepuso a su tiempo.

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