El machetero amigo de Fidel

MATANZAS.— Reinaldo Castro Yedra, primer Héroe Nacio­nal del Trabajo en Cuba, vela con el mayor celo por todos aquellos recuerdos que lo vinculan a Fidel, a quien conoció personalmente el 27 de junio de 1963 al término de una zafra azucarera.

 

 

Verlo de cerca y conversar con él me causó una impresión inmensa, rememora el viejo machetero tras acentuar que a partir de entonces el líder de la Revolución lo inspiró en cada una de las acciones futuras.

 

«Lo traté siempre con mucho respeto y temeroso de hacer o decir algo que pudiera importunarlo. Él, sin embargo, dio muestras de una generosidad inaudita, escuchaba con viva atención cada una de las leyendas que se tejían sobre mí en el campo de caña y se esforzó en poner de manifiesto sus sentimientos amistosos. Dijo en más de un lugar que era mi amigo. Imagínese, un jefe de Estado amigo de un machetero, nacido en un barracón».

 

El mejor cortador de caña que conoció nuestro país, de una historia sencilla y al propio tiempo colosal, asume que su mayor orgullo es haberle sido fiel a Fidel. Es lo más grande que ha dado Cuba, dice mientras se desbordan sus evocaciones.

 

Fue en la Primera Zafra del Pueblo cuando el nombre de Reinaldo Castro empezó a pregonarse a los cuatro vientos. Nadie podía creer que ese hombre fuera capaz de cortar y alzar a mano casi 2 000 arrobas de caña en una jornada de trabajo.

 

Como pocos confiaban en que un ser humano pudiera hacer tal hazaña, se vio obligado a viajar a varias regiones del país para dar pruebas de sus extraordinarias posibilidades en más de una competencia. Para muchos, aunque me estuvieran viendo, era mentira, repasa Reinaldo.

 

Evoca que nunca disfrutó más sus dotes de buen machetero que en las seis o siete ocasiones en que Fidel lo acompañó en el corte de caña. La primera vez fue en unos campos muy cerca de Limonar. «Entonces yo estaba en muy buena forma y la jornada fue significativa además porque el Comandante invitó como a 60 diplomáticos, quienes siguieron con mucha atención aquel corte inusual.

 

«Deseoso, como buen contendiente, de progresar en el arte de tumbar caña, Fidel se interesaba por el volumen de plantaciones que yo juntaba para cortar de una sola vez, y la manera en que agarraba y tiraba el machete. Por eso yo he dicho, medio en broma medio en serio, que él aprendió a cortar caña conmigo.

 

Él, en reciprocidad, me enseñó muchas cosas y propició que un pobre trabajador, que no sabía ni leer ni escribir en 1959, llegara a alcanzar la dignidad plena como hombre y consiguiera la más alta estimación de sus compatriotas.

 

«A los más jóvenes les digo en este momento difícil, de conmoción por su pérdida física, que el mayor compromiso de un cubano es poder hacer algo por la Revolución cada día y saber que sobre sus hombros descansa el presente y futuro de la Patria. Y que cuando se sientan cansados deben pensar en el Che, quien, aun con un ataque de asma, cruzaba ríos crecidos y ascendía montañas».

 

Este sábado, desde luego, Reinaldo Castro distaba mucho de ser un hombre feliz. Así ocurrió con miles y miles de matanceros, consternados con la triste noticia.

 

El fallecimiento del líder de la Revolución, por quien sentía un gran cariño, afectó profundamente al legendario cortador de caña. Pero el guajiro sacó a flote uno de los rasgos fundamentales de su espíritu y dijo que a partir de ahora habrá que trabajar más y mejor que nunca para salvaguardar la gigantesca obra humana que forjó Fidel.

 

Y quienes en la marcha se desalienten o no sepan qué hacer, pues muy sencillo, que piensen en cómo lo haría Fidel. Su ejemplo es precisamente el mejor legado, manifestó este sencillo hombre que acarició la gloria con el machete en la mano.

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