Fidel estremeció a los avileños

CIEGO DE ÁVILA.—Lo vi con la vista en la montaña, el fusil a la espalda y la mochila cargada de realidades que hace poco más de 57 años eran fantasías. Nadie como él hizo tanto en más de medio siglo, un tiempo no muy largo en la vida de un ser humano, y muy corto para convertir en realidades tantos sueños.

 

Lo vi invencible, triunfador de todas las batallas, incluida la de salvarse de las 638 veces malévolas que intentaron eliminarlo físicamente. Fidel partió cuando decidió irse, nadie lo dude. «Yo los acompaño hasta los 90 años», profeta al fin, había dicho hace poco a los presidentes Nicolás Maduro, de la República Bolivariana de Venezuela, y Evo Morales, de Bolivia.

 

Ojalá le hubiera podido dedicar otros 90 años de su vida a su país, pero debe sentirse a gusto con los que se mantuvo al frente de los destinos de una nación que, bajo su ejemplo, no se inclinó y avanzó todo lo que pudo, todo lo que le permitieron las trampas oportunistas, incluido el bloqueo voraz de los Estados Unidos.

 

Y pido permiso para ilustrar con datos: No cualquiera baja la mortalidad infantil de 42% a 4%, garantiza un médico por cada 130 personas, el mayor índice per cápita por habitante de todos los países; crea la mayor Facultad de Medicina (ELAM) del Mundo, graduando 1 500 galenos de 84 naciones cada año; logra una nación sin desnutrición infantil, sin problemas de drogas, con un 100 % de escolarización; no cualquiera puede lograr que su población tenga 79 años de esperanza de vida al nacer, ni que Cuba haya erradicado la transmisión del VIH de la madre al hijo del VIH; no cualquiera sobrevive a 11 presidentes norteamericanos intentando derrocarlo.

 

Por estas y muchas otras razones fue impresionante la manifestación de amor que dio el pueblo a Fidel, en tránsito hacia la inmortalidad este 1ro. de diciembre, cuando más de 160 000 hijos de esta provincia honraron al eterno Comandante en Jefe que sigue convocando.

 

Tanto, que Cuba toda cabe en una franja de unos 1 000 kilómetros de longitud y apenas seis metros de ancho, algo que, dudo, logre otro humano sobre la tierra.
Autor: Ortelio González Martínez | Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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